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Rincón del autor

Resucitando a Humala

Humala estaba dando algunas señales de moderación adaptativa, a fin de ampliar su espacio. El problema de la acusación es que lo devuelve a la posición radical

Por Jaime de Althaus Guarderas

El pedido de 15 años de prisión y posterior expatriación para Ollanta Humala, por su presunta participación en el 'andahuaylazo', ha servido para sacar de su sopor y volver a poner en movimiento al líder del Partido Nacionalista Peruano y a su grupo. El miércoles realizó un pequeño mitin "de desagravio" en la plaza Francia y anunció viajes y manifestaciones en el interior. Toda una movilización para rechazar una supuesta persecución político-judicial manipulada por el Gobierno.

En una democracia siempre sale favorecido el líder político que sufra persecución de algún tipo, salvo que se demuestre claramente el delito. Por eso, la victimización es una oportunidad que Humala no desaprovechará. En eso --la técnica de autovictimizarse--, su mentor Hugo Chávez es maestro. La última del presidente venezolano es que ¡hay un complot estadounidense-colombiano para atacar Venezuela y matarlo!

Pero, la verdad, parece altamente improbable que el gobierno aprista haya digitado este asunto. Por supuesto, sabemos de sobra que el Apra no está eximido de cometer torpezas, pero se trata de un partido con cultura política y con una historia de persecuciones, de modo que sabe perfectamente que una amenaza de cárcel a Humala no puede sino propulsarlo públicamente.

Lo más probable, en realidad, es que a la fiscal no le haya quedado más remedio que acusar. No se conoce los términos del expediente, pero lo que sí sabemos es que Ollanta Humala leyó por las ondas de RPP, desde Seúl, Corea del Sur, un manifiesto el día mismo o el día siguiente del 'andahuaylazo' en el que llamaba a la población a una insurgencia popular para deponer, en buena cuenta, a Alejandro Toledo.

Humala argumenta que él no se salió de la Constitución porque esta consagra el derecho a la insurgencia popular, pero olvida que la Carta Magna agrega que esta solo es legítima contra un gobierno usurpador. Y, sin duda, el de Toledo, por más deficiencias que tuviera, no lo era. Así que es posible que a la fiscal no le haya quedado más remedio que postular que lo que Humala llamaba insurgencia, era en realidad rebelión.

De modo que, aunque políticamente sea incorrecta la acusación, jurídicamente quizá la fiscal no tenía más remedio que hacerla. En el juicio se verá si se sostiene o no. Mientras tanto, no cabe duda de que esto pone nuevamente a Humala en el candelero, para su propio beneficio político.

Algo a lo que debe estar agradecido, porque el crecimiento del país, las mejoras en la gestión de los programas de lucha contra la pobreza --si algún ministro, ya que no el presidente, asume el liderazgo en el campo--, y el ritmo que poco a poco están tomando los gobiernos regionales, a lo que se suma lo que parece ser ya el inicio del declive de Hugo Chávez, pues van recortando crecientemente el espacio político para una propuesta antisistema.

Ante esto ya Humala estaba dando algunas señales de moderación adaptativa, a fin de ampliar su espacio. El problema de la acusación es que lo devuelve a la posición radical.

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