Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook
VIEJAS PRÁCTICAS QUE DEBEN SER DESTERRADAS

Por una burocracia eficiente

Por Julio Schiappa Pietra. Director del Instituto del Buen Gobierno

A las 8 de la noche usted no encuentra un solo policía en decenas de casetas de tránsito repartidas por toda la ciudad. En todas las oficinas de prensa del Estado se preparan--después de las 9 de la mañana-- informes de prensa, que se publican a las 11. Nadie los lee. Los choferes del sector público trabajan hasta la 1 p.m., a esa hora entregan el carro a un segundo turno y en el cambalache se van dos horas de trabajo.

Estos son los ritos y mitos del Estado que tenemos que cambiar. Hasta hoy estos ritos y mitos, que son expresión de cómo los burócratas conciben su propio trabajo y crean una cultura ,no aparecen en las sesudas reformas del Estado que conocemos.

Algunos ritos nos cuestan mucha plata, como el número de horas invertidas en procesos de sellar, revisar y archivar millones de papeles, en la montaña de estudios previos para hacer una obra pública, en los absurdos planos y permisos que se piden para todo. Por no hablar de los procesos de consulta de cualquier acto estatal, que en nombre de la transparencia se han inventado para aprobar presupuestos, decidir los límites máximos permisibles en minería o aprobar cualquier disposición legal.

Una práctica burocrática convertida en filosofía es la transectorialidad: meter a todos los representantes de los ministerios en una sala de reuniones para que cualquier falla sea de todos y no solo de los responsables. Esto ha afianzado parcelas de poder, estructuras de gestión con redes de interés y ha alejado aun más a los burócratas de la gente. ¿Cómo atender a los ciudadanos, si el número de reuniones que por semana tiene en agenda el funcionario ya no le dejan tiempo para nada?

Estas prácticas son las que debe enfrentar una reforma del estado con una concepción radicalmente diferente: Cambiar la cultura y el pensamiento, antes que las normas y procesos. Se trata de incorporar el espíritu del sector privado, basado en la utilidad social, la atención preferente al cliente, el cuidado con los costos para aumentar el beneficio y mejorar los procesos y productos para que a uno lo premien. Hay que desterrar el 'burocraticidio', el homicidio del tiempo y la eficiencia que practican los funcionarios del Estado.

Suena utópico, pero las grandes sociedades que han avanzado hacia el desarrollo como India, China, Nueva Zelanda, la Unión Europea, hoy tienen una constelación de éxitos del sector privado, fueron posibles en gran parte por la reforma del sector estatal con burocracias educadas y muy motivadas.

Antes de contratar consultores, contratemos educadores, antropólogos, animadores y motivadores. Ataquemos los paradigmas y derribemos la mala vibra. Eliminemos el 'burocraticidio' sin matar a los burócratas.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook