Por: Juan Paredes Castro |
No sin razón las Fuerzas Armadas han estado exigiendo ciertas reglas de juego que les permitan combatir en los frentes antiterrorista y antinarcotráfico.
Y se las han concedido mediante ley y en justicia.
Esto como natural reacción a lo que supone su intervención en acciones propiamente de guerra interna, en el marco del estricto respeto a los derechos humanos. Habida cuenta, además, de los cuestionamientos que acciones del mismo tipo suscitaron en el pasado, con el consiguiente enjuiciamiento, en muchos casos injusto, de oficiales y efectivos de tropa.
Ahora último, las FF.AA. han ido más al fondo del tema y han convocado a militares y civiles a un seminario muy bien diseñado, dirigido a construir una visión compartida y una acción integral sobre la problemática del valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE), donde precisamente se concentran las fuerzas de repliegue de Sendero Luminoso, una de las más importantes operaciones del narcotráfico y, como terreno de cultivo propicio, las peores condiciones de pobreza crítica y de abandono social del Estado.
De esta manera, el Comando Conjunto de las FF.AA. y su Estado Mayor, con la anuencia, por supuesto, de las comandancias generales de las tres armas y del ministro de Defensa, Ántero Flores-Aráoz, buscarían poner fin a dos cosas: 1) a cualquier índole de ambigüedad respecto de lo que hay que hacer militarmente en el VRAE; y 2) a las viejas políticas de puro diagnóstico y planeamiento estratégico divorciadas de la voluntad gubernamental de pasar decisivamente a la acción con el concurso de todos los sectores involucrados.
Si finalmente el seminario convocado por el Comando Conjunto de las FF.AA. cumple sus objetivos, sus conclusiones deberían servir para completar eficientemente las otras piezas del tablero, aquellas que, siguiendo el mismo ejemplo pragmático, tendrían que abarcar Educación, Salud, Justicia, Policía Nacional, Agricultura, Producción, Transportes, Comunicaciones y Energía.
En medio de sus miserias, el VRAE reclama todo esto pero, sobre todo, decisión gubernamental, de presidente a paje.
Por ahora, el buen ejemplo en ambas direcciones lo ha puesto el Comando Conjunto de las FF.AA. A ver si el Gobierno Central y sus distintos sectores hacen lo propio, no necesariamente mediante un seminario, sino simplemente asumiendo un compromiso rápido de identificación con ambas tareas.
Así las cosas, las siglas del VRAE dejarán de constituir una abstracción para meras conferencias académicas y estudios antropológicos y sociales, o un fácil sinónimo de zona liberada o zona abandonada a manos de terroristas y narcotraficantes.