Por Raúl Ferrero C. Jurista
Resulta preocupante comprobar, no sin asombro, la gran cantidad de leyes promulgadas que faltan ser reglamentadas.
Toda ley es obligatoria desde el día siguiente de su publicación en el diario oficial "El Peruano". Solo cabe postergar su vigencia en todo o en parte, si es que la misma ley así lo establece. A ese período que puede mediar entre su publicación y retardo para entrada en vigencia, es lo que se le denomina vacatio legis.
Una vez que las leyes han sido aprobadas por el Congreso, son enviadas al presidente de la República para su promulgación dentro de un plazo de quince días. Si no lo hace, la promulga el presidente del Congreso.
Sin embargo, el presidente de la República puede observar una ley y devolverla al Congreso en el término antes mencionado. El Congreso la reconsiderará y podrá promulgarla con mayoría calificada (mitad más uno del número legal de sus miembros).
Empero, el problema que queremos destacar se presenta después de que la ley ha sido promulgada y publicada. Así, un documento interno del Congreso, dado a conocer por El Comercio, recientemente, nos muestra que en los 18 meses que lleva el nuevo gobierno, existen 53 leyes que están a la espera del reglamento que les permita tener vigencia efectiva.
De un total de 316 leyes promulgadas y debidamente publicadas, casi una quinta parte está impedida de poder aplicarse por carecer de su necesaria reglamentación, tal como lo exigen las propias leyes aprobadas por el Congreso.
Agrega el documento congresal bajo comentario, que de las 53 leyes sin reglamentación, 32 tienen el plazo largamente vencido para haberlo hecho, 17 todavía están dentro del plazo y solamente 4 no requieren ser reglamentadas.
Esto indica que se está dando un alto grado de dejadez de parte del Poder Ejecutivo, que es el encargado de reglamentar las leyes y que las dependencias que deben elaborar los reglamentos no le están dando la debida importancia, sino que demanda pronta acción gubernamental.
Siempre se critica al Parlamento por su falta de celeridad y en otros casos por su poca efectividad. Pero ese no es el caso ahora. El Congreso ha cumplido con aprobar buen número de leyes y es el Poder Ejecutivo el que no permite que se puedan aplicar. En otra oportunidad analizaremos cuántas leyes importantes esperan turno en el Congreso.
Si bien tiene que existir separación de poderes para que se ejerza un verdadero equilibrio entre ellos, es igualmente cierto que tiene que colaborar cada uno con los otros. En este caso, está faltando algo fundamental, cual es la labor complementaria que debe realizar el Poder Ejecutivo al trabajo que desempeña el Legislativo. Sin ella, las leyes se quedan en el aire, pasando a quedar como simples enunciados o declaraciones de buenas intenciones.
El reglamento es el que en buena cuenta le da vida a leyes permitiendo que resuelvan los problemas que estas pretenden solucionar. Vienen a ser como las ruedas que son las que permiten andar a un automóvil.
Las leyes requieren de sus reglamentos para aclarar sus alcances y así precisar los puntos o conceptos que hacen falta tratar con más detalle. A su vez, la reglamentación permite que se determine de qué forma se aplica la ley, explicitando su contenido. El reglamento tiene como propósito implementar lo establecido por la ley.
Sin sus respectivos reglamentos, la inmensa cantidad de leyes que así los requieren, resultan en simples saludos a la bandera.
A ese ritmo de trabajo, al Poder Ejecutivo le será difícil cumplir a tiempo con las facultades legislativas delegadas que solicitó para implementar el TLC con Estados Unidos.