Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

Como tenor, fue uno de los peruanos con mayor presencia internacional. Hoy combina la docencia con la representación de cantantes de gran prestigio. De hecho, es el soporte del éxito de otro grande: Juan Diego Flórez

"La ópera es un museo cerrado"

"DEJÉ DE CANTAR POR UNA SERIE DE CIRCUNSTANCIAS, NO PORQUE CONOCIERA A JUAN DIEGO. ESO QUE DICEN ES PURA TELENOVELA"

Por Enrique Planas

Cuando se enumeran las virtudes del tenor peruano Juan Diego Flórez se suele hablar del timbre viril de su voz, de su imagen física o de su encanto en el escenario. También se comenta su inteligencia para elegir su repertorio y saber qué va y qué no va con su voz. Sin embargo, en este punto no todo es mérito del buen Juan Diego. El maestro Ernesto Palacio, excelente tenor y actualmente representante del joven lírico, es responsable en buena parte de esta última virtud.

Claro que Palacio, uno de los cuatro tenores peruanos que ha llegado a cantar en el teatro La Scala de Milán (al igual que Alejandro Granda, Luis Alva y el mismo Juan Diego), evita aceptar este comentario. "Hay mucha gente que recibe buenos consejos, pero es mérito de la persona decidir cuáles poner en práctica. Esa es una gran cualidad", dice. Palacio estuvo en Lima recientemente para el lanzamiento del Festival Internacional de Ópera Alejandro Granda, a celebrarse en el Teatro Municipal del Callao en marzo próximo, y donde su representado, Juan Diego Flórez debutará con el papel del enamoradizo duque de Mantua en "Rigoletto", de Verdi. "Para mí, Juan Diego ha tenido una cualidad especial" --nos explica--. "Él no se acercó a su trabajo por ser un fanático de la ópera. A él lo que le interesó desde un primer momento fue la música. No quiso ser como la mayoría de esos intérpretes que creen que la potencia, el músculo, es la base del éxito. Para mí el canto es seducción.

¿Cuáles suelen ser los principales consejos que le ofrece a Juan Diego?
Yo soy su tercera oreja. Conozco su voz casi 14 años y opino cuando él quiere saber dónde no ha funcionado. No hay que exagerar la autocrítica porque puede ser angustiante, pero ella te lleva a superarte siempre.

Detrás de un consejo suyo hay detrás una experiencia enorme. Y las experiencias muchas veces nacen de los errores. ¿Cuál cree que ha sido un error suyo en su carrera?
Creo que no tengo muchas cosas que recriminarme. Me habría gustado darme cuenta de muchas nociones técnicas que hoy día entiendo y trato de inculcar. A veces, por lo frenético del trabajo, porque uno no se pone a pensar, por comodidad o por flojera, no tuve ese tipo de atención.

¿Fue consejo suyo que Juan Diego esperara hasta el 2008 para interpretar al duque de Mantua en "Rigoletto"?
Cuando Juan Diego comenzaba a cantar, al principio hubo óperas que se pensó en ese momento no hacer y que poco a poco fueron llegando. Así como se hizo "Il Puritani" o "La hija del regimiento" después de algunos años de trabajo, ahora ha llegado "Rigoletto". Repito, no tiene que llegar el contrato antes que la voz. Juan Diego ha cantado "Rigoletto" en conciertos, no toda la ópera pero sí las arias, el dúo. De manera que ya la ha ido probando. Son experimentos tratando de caer bien, y no saltar al vacío.

Usted abandonó su propia carrera de tenor para representar la de Juan Diego. ¿Cómo fue esa decisión?
No fue tan así. La vida es menos telenovela. Fue muy simple: conocí a Juan Diego en el 94 y por entonces yo no estaba pensando retirarme. Tanto así que hasta el 98 seguí trabajando como cantante. Lo que pasa es que nunca fui alguien que pensara que si dejaba de cantar el mundo se vendría abajo. Por otro lado, tampoco pensé que solo como cantante podría hacer algo importante en la vida. Digamos que fue un encuentro afortunado: Yo fui alguien importante para Juan Diego pero él lo fue también para mí, porque se convirtió en el propiciador de mi segunda carrera. Juan Diego debutó en el 96 y desde el primer momento me ocupé de lo suyo, no profesionalmente, sino por amistad, como consejero. También tuve otro tipo de experiencias. En los últimos años, los teatros me pedían hacer los elencos para diferentes óperas. Vi que lo que les proponía funcionaba y pensé que, de repente, algo había aprendido. Empecé a unir todas las piezas. Uno comienza a entender que, pasados los 50 años, la carrera de uno no siempre va hacia arriba. Me dije: ¿y por qué no? Dejé de cantar por una serie de circunstancias, no porque conociera a Juan Diego. Eso es pura telenovela. No es parte de mi modo de ser.

Es muy poderosa la idea de que uno debe cantar hasta el final, como Kraus, como Pavarroti.
No es la mía ni la de Juan Diego. Él quiere retirarse bastante joven y hacer otras cosas en la vida. Ojalá que no se retire antes de que la voz lo deje.

LA ESCENA INTERNACIONAL
¿Con el éxito de Juan Diego Flórez o el de los mexicanos Rolando Villazón o Ramón Vargas, podríamos hablar de un 'boom' de la lírica latinoamericana?
Eso es una realidad, pero no diría que ha aumentado el grupo latinoamericano sino que ha disminuido el europeo o estadounidense. Ha habido un bajón de parte de ellos. Prácticamente ha bajado muchísimo la calidad de sus intérpretes y la de los latinoamericanos ha mantenido su nivel.

¿Cuál sería la razón de esta pérdida de espacio de nuevas figuras europeas o estadounidenses?
Creo que mucho cuenta el grado de preparación. Hoy en día no es tan fácil encontrar a un maestro de canto que ayude o aconseje, o un maestro de interpretación que mejore el producto. Es bastante difícil de encontrar. Por otro lado, vivimos ahora a un ritmo más frenético. Se viaja mucho, no hay prudencia para construir y mantener una carrera. Entonces se aceptan cosas que, a veces, un teatro necesita pero el cantante no. Yo digo siempre que para hacer un nuevo papel primero tiene que llegar la voz, y luego el contrato. Cuando te llega primero el contrato y la voz todavía no ha llegado, comienzan los problemas. Lógicamente los intérpretes de la ópera varían de acuerdo con el gusto de la época. Hoy en día, se da mucha más importancia al bel canto y sus compositores más característicos: Rossini, Donizetti, Bellini. Y justamente han salido intérpretes que han propiciado la excelencia en este repertorio, Juan Diego Flórez en el caso de los hombres y, entre las mujeres, Cecilia Bartoli, un fenómeno para analizar. Coincidentemente ambos son de la misma casa discográfica. Lástima que Bartoli frecuente cada vez menos los teatros y más los recitales para promover sus discos. Yo espero que eso, si le tiene que llegar a Juan Diego, le alcance lo más tarde posible. Él es un cantante de ópera.

Quizá la actual escasez de tenores obedezca a que se ha diluido algo del divismo de otras épocas...
El divismo hay que verlo desde dos puntos de vista. De parte del intérprete y de parte del público. El público tiene necesidad del divo. Y por lo que toca a los cantantes, ha habido siempre gente estúpida y gente inteligente. Gente que se siente lo máximo y otros que pisan tierra y reconocen sus propias limitaciones. Hoy en día, si uno se comporta como en los años 50, nadie te va a considerar un divo, más bien te van a tomar como un loco. El divismo no ayuda a los cantantes. Te aísla de los colegas, te separa de la realidad y del trabajo. No sirve para nada.

¿Cree que este predominio de líricos latinoamericanos sea algo coyuntural?
No me gusta ver la ópera con la lógica de una copa intercontinental entre Europa y América. El cantante es el cantante. Hoy, por ejemplo, hay muchísimos coreanos en la lírica. Y alguno es bueno. La verdad es que la ópera es un museo cerrado, una especie de club de minorías, y así será siempre. No superará el grado de interés respecto a la música ligera o al pop. Para los que participan de este club, la lírica les coge de una manera muy especial. Es como una droga.

Usted dice que hay dos clases de cantantes: los que enfrentan al público en teatros y los que basan su popularidad en discos. ¿Ser una estrella mediática es un peligro para un intérprete lírico?
Yo lo veo y oigo: gente que va a escuchar a Juan Diego y dice: "es mucho mejor en la ópera que en el disco". Eso es una gran cosa. En cambio, cuando escuchas un disco y lo crees una maravilla y luego vas al teatro y el intérprete te decepciona, eso ya está mal. El aspecto mediático, el llegar a más cantidad de gente, el crecer en popularidad con el disco es importante y necesario, pero, lógicamente, si tú tienes un micrófono delante, ni el volumen ni la proyección de la voz cuentan.

RECORDANDO A PAVAROTTI
Usted, que vive de cerca su ausencia, ¿cómo siente el vacío que ha dejado Pavarotti en Italia?
Él dijo una frase muy inteligente y que demuestra su gran sensibilidad: "Dios me dio mucho. Si ahora me lo quita, no voy a decir nada. Sería injusto". Lo decía porque en sus últimos años, Pavarotti sufrió mucho, incluso antes de que le detectaran el tumor al páncreas. Tenía diabetes, problemas en la cadera, las piernas, los huesos. Estos males condicionaron sus últimos años. Y es una pena enorme porque la voz de Pavarotti no la ha tenido nadie. Era una voz solar, increíble. Creo que pasará a la historia de una manera radical. Ha sido el tenor del siglo XX.

¿Qué tan justo fue que se le criticara porque en sus últimos espectáculos de ópera ya no interpretara a los personajes, sino que se mantenía inmóvil sobre el escenario?
Es un problema que se juzgue la vida artística de un cantante solo por sus últimos años. No es así. Lógicamente, en los últimos tiempos Pavarotti era mayor, estaba gordo y enfermo. Se había acostumbrado a los conciertos. Pero cuando empezó, cuando era robusto, no gordo, actuaba. Yo lo he visto en "La hija del regimiento" en La Scala, en el "Don Carlos", en "El baile de máscaras".

¿Fue muy estrecha la relación entre Pavarotti y Juan Diego?
Es un poco difícil de explicar, pues las noticias que se dan al gran público suelen simplificar mucho las cosas. Pavarotti no dijo: "yo me retiro, mi sucesor está aquí, es Juan Diego Flórez". No fue así. A él le preguntaron a quién veía como valores importantes en el futuro y dijo: "dentro de los jóvenes, el que más cualidades tiene es Juan Diego Flórez". No le dijo: "aquí te paso mi cetro".

FESTIVAL INTERNACIONAL
Juan Diego en "Rigoletto"
4Palacio estuvo en Lima a inicios de enero para anunciar el debut de Juan Diego Flórez como el seductor duque de Mantua en el "Rigoletto", de Verdi, dentro del Festival Internacional de Ópera Alejandro Granda a celebrarse en el Teatro Municipal del Callao, auspiciado por el gobierno regional chalaco, la Asociación Cultural Romanza y la Asociación Amigos Peruanos de la Ópera.
4Acompañarán a nuestro principal tenor otras notables figuras de la lírica, como el director de orquesta Michele Mariotti, el barítono Roberto Frontali, la soprano Alessandra Marianelli, el bajo Carlo Malinverno y el director de escena Massimo Gasparon.
4Los boletos para las dos fechas de "Rigoletto", el 31 de marzo y el 3 de abril, ya están agotados; sin embargo, el público chalaco podrá seguir de cerca el espectáculo a través de pantallas gigantes instaladas en cinco céntricas plazas del primer puerto.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook