Por Virginia Rosas
Aunque el informe sobre la guerra del Líbano no lo responsabiliza directamente sobre el fracaso de la incursión militar, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, no ha salido bien parado tras la lectura del documento de 600 páginas en el que el ex juez del Tribunal Supremo de Israel Eliyahud Winograd --que presidió la comisión de investigación-- señala las enormes deficiencias de la intervención armada.
"Una organización paramilitar (el Hezbolá) compuesta por unos miles de hombres resistió durante semanas al ejército más poderoso del Medio Oriente, que disponía de una superioridad aérea completa así como ventajas y superioridad tecnológica sin comparación. Nada de esto impidió la andanada de cohetes contra la población civil israelí.
La llamada segunda guerra del Líbano emprendida, sin autorización de la ONU pero bajo el beneplácito de Estados Unidos, a raíz del secuestro de dos soldados israelíes por el movimiento integrista Hezbolá, duró exactamente 34 días (entre el 12 de julio y el 14 de agosto del 2006) y dejó 1.200 muertos del lado libanés, la mayoría civiles y numerosos niños. El lado israelí lamentó la pérdida de 163 personas, 119 soldados y 44 civiles. Hubo cinco mil heridos y más de un millón de desplazados.
El informe señala que la decisión de lanzar una ofensiva terrestre de 60 horas antes de dar por terminados los combates cuando la Resolución 1701 de la Naciones Unidas preveía un alto el fuego aceptado, no solo fue una aberración al derecho internacional, sino que resultó siendo un fracaso para Israel que perdió 33 de sus hombres.
Pero el informe señala que su finalidad era legítima a pesar de sus resultados limitados y el doloroso precio que se pagó. Las críticas que vinieron después de la guerra al interior de Israel se referían sobre todo a la falta de preparación de los reservistas y las confusiones y contraórdenes del comando general.
Aunque Olmert sale prácticamente ileso del informe, los partidos de derecha y de izquierda piden al unísono la renuncia del primer ministro, quien ya había anunciado, el 26 de diciembre pasado, que no dejaría así nomás su puesto de primer ministro.
El diputado del partido derechista Likud, Yuval Steinitz, dice que este es el informe más duro en la historia del Estado de Israel, pues señala que "el primer ministro dirigió una guerra de forma fallida, negligente y de aficionado, como nunca antes".
Las críticas también vienen desde la izquierda del Parlamento. El diputado laborista Ofir Pines-Paz calificó la guerra de "colosal fracaso" y pidió la renuncia de Olmert. Pero su partido, el centrista Kadima, se regocija del informe pese a que los otros dos miembros del triunvirato que se lanzó a la guerra, el entonces ministro de Defensa Amir Peretz y el ex jefe del Estado Mayor, Dan Halutz, dejaron sus cargos hace ya varios meses.
Quien más insiste en la renuncia de Olmert es el partido Likud. Su presidente, Benjamín (Bibi) Netanyahu, se frota las manos porque, según todas las encuestas, ganaría las elecciones anticipadas. 'Bibi,' de quien ya conocemos sus posturas radicales, fue delfín de Ariel Sharon y un enemigo declarado de cualquier acuerdo de paz con los palestinos, tanto que renunció al Ministerio de Finanzas cuando su antiguo mentor decidió en el 2005 la retirada unilateral de la franja de Gaza.