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De vuelta al ruedo, con más de lo mismo

Por: Juan Paredes Castro |

Como Ollanta Humala ha vuelto al candelero político, gracias a una absurda amenaza fiscal de expatriación que ni él mismo la cree, considera que ha llegado el momento de matar dos pájaros de un tiro.

De un lado, busca desacreditar el proceso judicial en el que se le acusa de haber tomado parte intelectual en el asalto sangriento a la comisaría de Andahuaylas, por cuyas consecuencias criminales su hermano Antauro purga cárcel.

De otro lado, pretende dejar definitivamente atrás el repliegue político en el que había caído después de la derrota electoral del 2006, para embarcarse en una nueva campaña opositora basada en la supuesta persecución política del régimen, cosa que no ha podido probar hasta hoy.

En la medida en que el juego de la persecucionitis no pase de ser tal, existe el peligro, para él, de que se haga mucho más evidente su propósito de eludir la justicia y consiguientemente la investigación de un hecho gravísimo --el 'andahuaylazo'--, del que todos queremos conocer la verdad y sus entretelones.

Humala enfrenta una disyuntiva complicada: batir a los cuatro vientos una amenaza de expatriación que realmente no existe, podría darle oxígeno demagógico solo por unas semanas y nada más; o tener que encarar el juicio y asumir sus consecuencias, terminaría por restarle las únicas posibilidades disponibles para usarlo políticamente y victimizarse.

Su ansiedad por su retorno activo a la oposición está arrastrando, pues, a Humala a una serie de equivocaciones: desde el efectismo que intenta aprovechar a propósito del proceso judicial que enfrenta hasta la más audaz e irresponsable pretensión de sabotear la cumbre de jefes de Estado del APEC. Es posible que esto le provea de los espacios y altoparlantes que necesita para ensordecer las orejas del Gobierno. Pero no estamos seguros de que constituyan la línea de partidor estratégica para una marcha humalista de sólida envergadura hacia la candidatura presidencial del 2011.

Humala está reconstruyendo el mismo caudillismo radical del 2005-2006 y dejando de construir lo que más le hace falta: un verdadero partido, nacionalmente representado y representable, que seguramente le daría un perfil más racional y democrático y menos autoritario y populista.

Más allá de sus denuncias sobre una repatriación que solo se le ha ocurrido a una descabellada fiscal, no vemos que Humala tenga la intención de sorprendernos con alguna novedosa alternativa de gobierno.

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