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LECCIONES DE LA CRISIS ESTADOUNIDENSE

Financistas letales

Por Fernando Villarán Ex ministro de Trabajo

Todos hablan de la crisis económica en la nación más importante del mundo. Se discute si ya está en recesión, si es solo desaceleración, si va a durar meses o varios años. Poco se discute sobre los orígenes de esta crisis. ¿Acaso la General Electric arroja pérdidas? ¿La Ford está cediendo mercados? ¿La Apple (que acaba de lanzar la computadora más delgada del mundo) está siendo desplazada por sus competidoras chinas? ¿Boeing ha sido derrotada por su rival Airbus en el 2007? ¿Google tiene problemas con los nuevos productos que lanza a la Internet? Nada de eso, estas y otras empresas estadounidenses gozan de muy buena salud, como nunca, están aprovechando la globalización para hacer muy buenos negocios debido a su eficiencia y capacidad de innovación.

¿Entonces, por qué Estados Unidos está en crisis? Sobre su origen no hay dudas: vino del sector financiero, de los malos préstamos hipotecarios que había otorgado durante años. Los bancos prestaban a cualquiera (a tasas de interés muy bajas, pero variables) aunque no tuviera ingresos suficientes para comprar su primera, segunda o tercera casa; esto generó un 'boom' de construcción que elevó los precios de las casas, y los alquileres se fueron a las nubes, atrayendo nuevos inversionistas, creando una espiral especulativa que mantenía contentos a todos (bancos, propietarios, inversionistas, constructores y gobierno --no olvidemos que la construcción es uno de los principales componentes de la demanda interna--). Para cubrir las deudas se crearon instrumentos financieros que, a su vez, eran vendidos en la bolsa y luego adquiridos por los fondos mutuos y otros fondos de inversión, echando más gasolina a ese artificial crecimiento.

A fines del año 2007 el velo que ocultaba esas operaciones financieras cayó e hizo evidente que el sector construcción había crecido sobre la base de malas deudas, y el castillo de naipes se vino abajo. Lo grave fue que no solo se vieron afectados los responsables directos de estas malas deudas, es decir, los bancos y las empresas de inversión que deliberadamente ocultaron esas deudas (en lo que Paul Samuelson llamó "chanchullos de ingeniería financiera"), sino que arrastró a toda la economía estadounidense, y con ella a la economía mundial. Es decir, unos cuantos vivos perjudicaron a 6,6 billones de personas.

¿Por qué en China, en la India, en Irlanda, o en Malasia no se dio una crisis similar? Todos estos países tienen altos crecimientos, que incluyen sus propios 'boom' de construcción. Pues sencillamente porque sus sectores financieros están adecuadamente regulados por el Estado.

No estamos, pues, ante una crisis del sector construcción o del sector financiero mundial, tampoco frente a una crisis del capitalismo en general; estamos frente a una crisis del capitalismo estadounidense o, más precisamente, del capitalismo estilo Bush.

Paul Krugman, profesor de Princeton, hace tiempo viene diciendo que nunca en la historia estadounidense los intereses económicos privados se han entrelazado tanto con los intereses del Estado. En otras palabras: el gobierno de Bush tiene estrechos compromisos con unas cuantas empresas (petroleras, de servicios, de armamento, financieras).

Hay otros dos movimientos que explican el capitalismo estadounidense de hoy: (i) Los intereses de los industriales han perdido el lugar dominante que ocupaban en las esferas del poder (antes muchos congresistas no se ruborizaban cuando repetían: lo que es bueno para la General Motors es bueno para EE.UU.), ahora están ahí gigantes financieros como Merryl Lynch, Citi Group, Goldman Sachs, JP Morgan (ver artículo de Francisco Durand en "Perú.21"). (ii) La ideología neoliberal ha llegado a su más alta expresión, suponiendo que las empresas más grandes y los inversionistas más ricos van a resolver todos los problemas del país, "hay que dejarlos solos, bajarles los impuestos, reducir el Estado al mínimo para que puedan actuar a sus anchas".

Ciertamente, mi interés no es sumarme al coro de los detractores de Estados Unidos, que ya tiene suficientes en el mundo, sino utilizar esta crisis para que nos sirva de lección. Hay muchos elementos para construir un capitalismo peruano que funcione para todos. Entre sus ingredientes tendrán que incluirse: menos ideología neoliberal, menos especulación financiera, menos economistas, más ingenieros (como sostenía Oppenheimer a propósito del milagro chino), menos sometimiento a empresas mercantilistas y más alianzas estratégicas con el sector privado, más producción, más innovación, más solidaridad, mejor Estado y, sobre todo, inclusión económica y social. Aprender en pellejo ajeno es el mejor negocio pues no cuesta nada.

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