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NO PERDAMOS DE VISTA EL EJEMPLO DE LONDRES

La ciudad y los humedales

Por Anna Zucchetti. Bióloga

El 2 de febrero se celebró el Día Mundial de los Humedales, en ocasión del aniversario de la Convención Ramsar. La convención se adoptó hace 36 años, tras el reconocimiento de la importancia de estos maravillosos espacios, donde la tierra y el agua se encuentran.

Este día de celebración mundial no solo conmemora la importancia de estos húmedos refugios de la biodiversidad, donde la naturaleza manifiesta de la forma más evocativa las bizarras piruetas de la evolución de las especies. Nos recuerda también, desde una perspectiva más pragmática, que las ciénagas, marismas, esteros y lagunas que, entre otros, forman la categoría humedal, tienen una serie de valores que no deberían celebrar solo los ecologistas, sino todos los ciudadanos.

Los humedales nos dan alimentos en tanto sostienen más del 20% de la población mundial que consume arroz; purifican el agua, filtrando sus crecientes cargas contaminantes; funcionan como grandes esponjas hídricas, regulando los flujos de agua, controlando las inundaciones; dinamizan la economía a través del turismo y la recreación; y nos garantizan espacios prístinos dónde ejercer nuestra necesidad de biofilia o contacto con el mundo natural.

Más de un millón de visitantes pasean cada año por uno de los más bellos ecosistemas enclavados en el centro de Londres, el London Wetland Center. Cuarenta y tres hectáreas de humedal han sido conservadas para contribuir a la calidad ambiental de la ciudad y a la recreación de sus habitantes. Con un Centro de Interpretación Ambiental de clase mundial, un rústico restaurante al borde de los espejos de agua, circuitos de entretenimiento para niños y adultos, el London Wetland Center es un ejemplo a emular por nuestra seca capital con sus dos húmedos reductos de naturaleza: Pantanos de Villa y Ventanilla.

En esta época de incertidumbres climáticas en la cual sufriremos eventos extremos de precipitación y aridez, nos haría bien tomar una actitud previsora y valorizar nuestros humedales urbanos, aunque sea solo para evitar desastres hídricos.

En las ciudades como Lima y Callao no hay mucho para celebrar, pues los humedales se achican cada día, sujetos a presiones como la ocupación urbana, la descarga de desmontes y la desecación.

La conmemoración de Ramsar nos echa en cara que poco o nada estamos haciendo por ellos. Y quizás esta provocación anual puede ser útil para retarnos a tomar el destino de los humedales en nuestras manos. ¿Por qué no pensar en una alianza público-privada liderada por la Municipalidad Metropolitana de Lima o el Gobierno Regional del Callao, en alianza con empresas y ONG, para realizar una inversión ambientalmente sensata, económicamente rentable y que beneficie a todos los ciudadanos? Entre Villa y Ventanilla, Lima y Callao sumarían más de 500 hectáreas de ecosistemas a su trama verde urbana, supliendo el enorme déficit en espacios públicos verdes que tenemos.

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