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UCAYALI. HAY TRAMOS DE LA CARRETERA TOTALMENTE DESTRUIDOS

Lluvias causaron la caída de 24 huaicos en Padre Abad

Las precipitaciones amainaron, pero las pérdidas materiales son cuantiosas. Pasajeros varados deben caminar varias horas hasta sus destinos

Por Javier Ascue. Enviado Especial

Miles de personas se han visto obligadas a caminar en medio del intenso calor y los escombros que han dejado los 24 huaicos, además de la destrucción de varios kilómetros de la carretera Federico Basadre, debido a los desbordes de los ríos Yurac y Aguaytía a causa de las lluvias que cayeron sobre la provincia de Padre Abad, en Ucayali.

A pesar de los daños ocasionados por la crecida de las aguas, que en algunos puntos donde arrasó tramos de carretera llegó a los 30 metros de altura y que inundó las calles principales de Aguaytía, los pobladores han comenzado a retornar a sus actividades normales luego de limpiar toneladas de barro y piedras con cargadores frontales. Las lluvias cesaron el lunes y el caudal de los ríos ha disminuido considerablemente, por lo que los habitantes de esta región ya no necesitan movilizarse en canoas.

Asimismo, miles de pasajeros que quedaron varados llegan a pie desde Tingo María y Pucallpa en tránsito hacia sus destinos. Lamentablemente entre ellos hay heridos, principalmente ancianos, mujeres y niños, debido al impato de piedras o de caídas que sufren en su intento por cruzar algunos tramos cubiertos de piedras, lodo y maleza.

Según testimonios de algunas de esas personas, la carretera es intransitable desde la localidad del Puente Chino, a la altura del poblado La Divisoria, hasta la altura del puente Hidayacu, a pocos kilómetros de Boquerón de Padre Abad.

En Hidayacu, ubicado en el kilómetro 175 de dicha carretera, prácticamente la vía ha sido arrasada desde sus cimientos, lo que ha dejado al aire parte de la capa asfáltica y un gigantesco boquerón de unos 20 metros de profundidad. Al fondo se puede ver el río Yurac con poco caudal y restos de los cimientos de la carretera, así como gigantescas piedras y una gran cantidad de troncos, árboles y piedras. Transitar por este lugar es sumamente peligroso, ya que la tierra aún se encuentra movediza y desde los cerros continúan los deslizamientos de piedras y lodo a pesar de los días transcurridos. Los pobladores temen que nuevas lluvias generen más huaicos.

PÉRDIDAS AGRÍCOLAS
El presidente del gobierno regional de Ucayali, Jorge Velásquez Portocarrero, declaró a la agencia Andina que alrededor de 1.700 hectáreas de cultivos de plátano, piña, cocona, entre otros, se han perdido en Aguaytía por los desbordes. Además, se estarían estropeando alrededor de 17 mil cajas con papayas (más de 150 mil frutos) en los camiones que permanecen varados. Una comisión del Ministerio de Agricultura llegará a la zona para elaborar un informe sobre los daños y diseñar planes de contingencia.

Velásquez comentó, además, que se espera establecer un puente aéreo a fin de evitar que Pucallpa, capital del departamento de Ucayali, se vea comprometida con un problema de desabastecimiento en los próximos días.

MÁS DATOS
4Según el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), las lluvias en Ucayali serán aun más fuertes en marzo.
4Por otro lado, en la selva del departamento de San Martín se ha reportado el incremento peligroso del río Huallaga.
4Estos desbordes han interrumpido varios tramos de la carretera Tarapoto-Yurimaguas y han inundado áreas agrícolas.

DEL CONSULTOR
PEDRO FERRADAS. Especialista en prevención

La historia se repite
Más que pretender evitar los desbordes de los ríos, debemos proteger a las familias y sus propiedades antes de que ocurran estos, mediante la identificación y habilitación de zonas seguras dotadas de los medios adecuados para atender las necesidades derivadas de la emergencia. No se requiere de grandes inversiones, pero sí de la participación de la población.

Cuando las inundaciones ya han ocurrido, lo más urgente es reabrir los caminos y prevenir y tratar las enfermedades. Estas se incrementan con el deterioro o destrucción de la vivienda.

La atención prioritaria del Gobierno y de las instituciones debería centrarse en apoyar los procesos de reconstrucción, más si se trata de desastres como el de Aguaytía, que afectan a los más pobres.

Viviendas e infraestructura social y productiva son usualmente reconstruidas precariamente y en los mismos lugares del desastre por los pobladores, ante la indiferencia o incapacidad pública. Es posible evitar que la historia se repita, apoyando a las poblaciones afectadas para que construyan en zonas más seguras y con tecnologías apropiadas.

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