Por Robby Ralston. Publicista
La primera vez que nos invitaron a un cumpleaños de oficina en Costa Rica, Jessica y yo hicimos todo lo posible por llegar a las 10 de la noche, pero llegamos dos horas después.
"Pucha, nos perdimos el inicio de la fiesta", pensamos.
Error. El bar estaba casi vacío. Los que quedaban estaban en avanzado estado de descomposición. Pedimos unas cervezas y entre que las traían y las tomábamos todos se fueron. El mozo nos trajo la cuenta y empezó a levantar las sillas.
Buscamos algún lugar donde aprovechar que estábamos recién bañaditos, peinaditos y perfumaditos, pero nada la ciudad había cerrado.
A la mañana siguiente pregunté en la oficina cómo funcionaba la cosa. Me explicaron que en San José la gente se junta a partir de las 7:00 p.m. y farrea hasta las 12:00 p.m. o 1:00 a.m.
Con el tiempo descubrimos que este uso horario era perfecto. Desde las 7 hasta las 12 uno ha tenido 5 horas de fiesta. Es lo mismo que llegar a las 12 y quedarse hasta el amanecer, con una pequeña-gran diferencia: duermes tus ocho horas y llegas fresquito a la oficina.
Por acá la cosa se está barcelonizando y no sé si conviene.
Los chicos están entrando a las discotecas a las 3:00 a.m. para farrear hasta las 8:00 a.m. (y en algunos casos hasta las 11:00 a.m.). No le encuentro el sentido: de 3 a 8 se farrea 5 horas, las mismas que se podrían farrear entre las 10 y las 3, o de 8 a 1.
Sospecho que la barcelonización es una estrategia de los dueños de discotecas. Si se fijan bien, así logran sacarles un segundo turno a sus locales: un primer grupo de 10 a 3, un segundo grupo de 3 en adelante.
Pero esta estrategia puede tener consecuencias sociales muy distintas al tratar de inventar una segunda Navidad, creando un Día del Niño a mitad de año, por ejemplo. En este caso, el efecto es directo sobre nuestros hijos, la fuerza laboral joven: los chicos arrancan los días muertos, resaqueados, golpeados y nada productivos, justo en un momento clave para sus carreras, justo en un momento en el que el país necesita la mayor productividad de su gente.
Hace unos años, me invitaron a dar una conferencia en Medellín, Colombia. Después de un largo día de trabajo, a las 11 p.m. les pedí que me llevaran a tomar una cerveza en la ciudad.
-- Claro, mi hermano, pero corramos que aquí todo cierra a la 1.
-- ¿Y eso?
-- Es que esto se estaba descontrolando
Como lo oyen: por ley, todo cerraba temprano. No era toque de queda: podías seguir vagando o chupando si querías, pero en alguna casa: los locales cerraban todos a esa hora.
Me encanta la noche y la farra, pero "Orden es progreso" dice la bandera brasileña, y un poquito de orden en el uso que les damos a las horas de juerga --aunque suene un contrasentido-- no nos vendría mal, digo yo.
¡Salud por eso!