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DELIMITACIÓN MARÍTIMA CON EQUIDAD

Un análisis necesario

Por Francisco Miró Quesada Rada. Politólogo

"La Declaración de Santiago de 1952 y el convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima de 1954 no son tratados de límites porque no contienen una cláusula delimitadora ni han trazado los límites marítimos entre los dos países". Estas palabras, que están en la obra de Manuel Rodríguez Cuadros, "Delimitación marítima con equidad el caso de Perú y Chile", son más claras y transparentes que las aguas del mar Caribe o del mar Egeo.

El libro de Rodríguez es una remarcable novedad bibliográfica porque en el Perú son escasas las obras generales de derecho internacional público. Con rigor académico, ofrece al lector los elementos de contexto, las razones jurídicas y políticas que motivaron al autor, cuando se desempeñaba como ministro de Relaciones Exteriores, a tomar la decisión de encaminar la controversia marítima peruano-chilena a la Corte Internacional de la Haya.

Por primera vez se menciona el análisis que hace Alberto Ulloa en su "Derecho internacional", con relación a la naturaleza y el alcance del convenio sobre zona especial marítima. El análisis de Ulloa se refiere al límite marítimo entre dos países signatarios, es decir, Perú y Ecuador. El registro que realiza Manuel Rodríguez Cuadros del testimonio del ex maestro sanmarquino y presidente de la delegación del Perú en las negociaciones de la Declaración de Santiago es capital para desvirtuar la tesis chilena de que esa mención al paralelo geográfico se extendería también a la frontera peruano-chilena. En consecuencia, no se estableció límite alguno entre estos dos países.

Asimismo, demuestra que las actas de 1968 y 1969 no constituyen tratados. En este contexto, el autor, con relación al acuerdo de 1968, se refiere a un intercambio de notas con redacción idéntica, en febrero y marzo de ese año, en el que ambos países concertaron formalmente el compromiso que adquirieron para colocar unas torres de enfilamiento que orientan las actividades de las pequeñas embarcaciones pesqueras de la época. Las citadas actas, una de las cuales resulta ser un informe, son instrumentos derivados de un acuerdo y en ellas no hay referencia al límite marítimo y menos a uno del paralelo. Destacamos este dato porque fue inexistente hasta antes de la publicación del libro.

El diplomático peruano explica que al no existir un tratado o una obligación jurídica ni convencional, ni por la costumbre o la conducta de los estados, es decir, una lex specialis, le corresponde a la corte trazar un límite aplicando la fórmula "principios equitativos" circunstancias especiales, que debería traducirse por una línea de frontera equidistante.

También el autor desvirtúa el concepto de "mar presencial" que se utiliza en Chile para justificar su dominio marítimo en un espacio que le corresponde al Perú. Además, agrega que dicho concepto no es reconocido por el derecho internacional.

La publicación de la demanda peruana es el mejor crédito al mérito de la obra. Los términos de la controversia y el fundamento sobre la competencia de la corte son los mismos que Rodríguez Cuadros precisa en su libro.

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