Gritos, clamor y gente dispuesta a todo. Eso es lo que la gente entiende como el significado de carnaval. Sin importar país, clima o lengua, el Rey Momo (o sus variantes) se hace presente solo durante unos días para llevar a cabo una oda a la diversión y al festejo desenfrenado. Una suerte de catarsis que le sirve como excusa a más de uno para relajarse y olvidar todo lo que en nuestra vida cotidiana nos incomoda.
LOS CLÁSICOS
Sin lugar a dudas, el carnaval de Río de Janeiro ha sabido ganarse una fama inigualable mundial. La razón es simple y solo una: es tan espectacular que se cotiza como los más grandes espectáculos en el mundo. Por ello, cada vez más sus escuelas de baile se hacen más conocidas y luchan por ganarse el prestigio de todos, premio que este 2008 se lo llevó la tradicional escuela de samba llamada Beija Flor.
La sensualidad de las garotas es un atractivo sin límites para hombres y mujeres. Unos desean tan solo verlas y otros solo buscan aunque sea simular alguno que otro paso de baile de ese ritmo acelerado y tan difícil de seguir denominado samba.
Pero el carnaval también embarga un manto de misterio. Y nada mejor que el uso de máscaras para lograr dicho objetivo. Eso fue lo que otra de las fiestas más importantes y respetadas en el mundo --la de Venecia-- entendió ya hace casi diez siglos. Se dice que estas caretas se utilizaban para unir a nobles y plebeyos en una catárquica fiesta que agrupaba espíritus sin importar condiciones económicas.
Actualmente, se sigue viviendo con el esplendor de sus inicios, pero la diferencia es que muchos de los citadinos ya no son los que participan en la fiesta, sino los miles de extranjeros que llegan y que se dejan atrapar en los alrededores de la plaza de San Marcos.
COLORIDO GLOBAL
Y como el carnaval no es de goce exclusivo de las ciudades antes mencionadas, cada destino ha ido amoldando la fiesta a sus costumbres y a su necesidad de expresión. Ejemplo de ello es lo que pasa en Sudamérica con las fiestas altoandinas, que se asemejan entre sí y en donde se hacen presentes íconos también de índole religiosa.
Tradiciones más modernas son las que se llevan a cabo en otras ciudades europeas. Francia ha logrado incluir costumbres de antaño como se da en el carnaval de Niza, o el que se da en la localidad de Cournonterral, donde la gente suele untarse vino, pero ya no con motivos bélicos entre pueblos, como antes, sino más bien con un sentido de libertad y sensualidad.
Finalmente, el norte del continente americano no es ajeno a esta algarabía. Por el contrario, Nueva Orleans ha sabido convertirse en uno de los íconos más tradicionales de festejo que tiene Estados Unidos. Más aun, a pocos años después de haber quedado devastada por el huracán Katrina, este festejo se vive con la calidez de siempre y con mayor colorido que nunca. Comparsas enteras desfilan por sus calles que durante esas fechas se vuelven completamente cosmopolitas. Así que ya sabe, el próximo año tómese unos días libres en febrero y sepa darse un merecido tiempo libre al son de la música, de la tradición y del desborde de alegría.