GRAMMY. Una noche memorable
Por Raúl Cachay A.
Más allá de sus cuatro largas horas de duración, la entrega de los Grammy fue la gala de premios que rompió el molde: en ningún momento se volvió aburrida. Las presentaciones en vivo fueron notables casi sin excepción, los principales ganadores son algunos de los artistas más relevantes de nuestro tiempo y los homenajes fueron todos bastante pertinentes.
Digamos que, tratándose de su aniversario cincuenta, los organizadores de la ceremonia supieron honrar la tradición y la historia de la industria discográfica estadounidense y fraguaron una noche ciertamente memorable: a fin de cuentas, es muy complicado que volvamos a tener en un mismo escenario a leyendas como Little Richard, Aretha Franklin, Jerry Lee Lewis, John Fogerty o Tina Turner.
Y los artistas más contemporáneos también pusieron de su parte para no desentonar frente a sus mayores: no es exagerado afirmar que las participaciones de Alicia Keys o Kanye West (acompañado nada menos que por el dúo francés Daft Punk) estuvieron muy cerca de ser apoteósicas.
Ahora bien, una cosa fue el espectáculo y otro el panorama del estado actual de la industria que ha perfilado la selección de ganadores. Por un lado, resulta cuando menos anecdótico que el propio Kanye West (dos veces consecutivas vencedor en la masiva encuesta Pazz & Jop que publica "Village Voice") haya sido premiado con "Graduation", el trabajo menos valioso de su discografía, en el que ha sido sin duda el peor año en lustros para el hip hop. Por otro lado, nadie discutía que la británica Amy Winehouse obtendría al final su visa al 'mainstream' norteamericano con una noche merecidamente consagratoria. Quizás el dilema de tener que escoger entre el rapero más talentoso del nuevo siglo y la artista responsable de reactualizar el soul para la generación última provocó que los votantes fraguaran la máxima sorpresa de la velada: otorgar el premio más importante de la noche al gran Herbie Hancock, que con su "River: The Joni Letters" --que solo ha vendido 50 mil copias en Estados Unidos-- logró que una producción de jazz obtuviera el Grammy al Mejor Álbum después de 43 años (el último en conseguirlo había sido "Getz / Golberto", de Stan Getz y Joao Gilberto).
En todo caso, este reconocimiento a Hancock, a Joni Mitchell (autora de las composiciones del disco) y el jazz en general llega en un instante peculiarmente fecundo para ese género musical. Aunque las grandes masas no se enteren, basta revisar las performances en festivales de todo el mundo (en los que las viejas leyendas se codean con los novísimos) y cotejar cada semana los lanzamientos discográficos para comprender de inmediato que el jazz experimenta un gran momento.
Al final, el saldo de la velada fue positivo. Cuando experimenta la peor crisis de su historia (por culpa de la piratería y el tráfico de canciones en Internet), la industria nos regaló una noche inolvidable.