Entrevista IRIS LANAO
Por Antonio Orjeda
En barrios y comunidades de todo el país hay mujeres de escasos recursos que se agrupan, aportan y deciden préstamos entre ellas. Su aval es la palabra, y su palabra vale. Banco comunal, así es conocido en el mundo este sistema creado por el estadounidense John Hatch y que, en el Perú, forjaron los padres de Iris Lanao.
Finca Perú, así llamaron a su organización de la sociedad civil (Iris sostiene que ellos no son una ONG), y Hatch --viejo amigo de la familia-- es miembro de su junta directiva. La hija de Aquiles Lanao y Lucinda Flores está ahora al timón y asegura que los bancos comunales no son más que una herramienta para conseguir su objetivo mayor: empoderar a la mujer, acabar con toda situación de inequidad. Objetivo que desde siempre Iris comparte. Sí, si ella está en esto es por Aquiles y Lucinda.
En el 90 sus padres crearon el primer banco comunal del Perú, ellos tenían más de 60 años...
Mi mamá tenía 67 y mi papá, 70.
Podría creerse que se trataba del pasatiempo de dos jubilados.
No era un pasatiempo, sino su deseo de servir. La historia es esta: mis padres llegaron a Lima --de Ayacucho-- de adolescentes, aquí estudiaron, hicieron sus carreras, tuvieron siete hijos; mi madre llegó a ser directora de un colegio, mi padre hacía consultorías y, al jubilarse, decidieron hacerse una casita en Quinua (Ayacucho) para pasar allá sus últimos años. Su idea era tener , además, un lugar dónde acoger a los turistas que llegasen.
¿Qué año era?
El 79. Terminaron su casa y ocurrió lo de Chuschi (el primer atentado de Sendero Luminoso). Ese era el sueño de sus vidas y se truncó. Fueron evacuados por el Ejército, pero como mi padre estaba empeñado en trabajar proyectos de capacitación y de fondos rotativos con poblaciones campesinas, iba y venía de Quinua. Nosotros (sus hijos) teníamos horribles pesadillas temiendo que algo le pudiera pasar.
El 90 abrieron el primer banco comunal.
Mi madre lo abrió con viudas del terrorismo. Creo que eran parte de una iglesia evangélica.
Y trabajar con esas viudas determinó que ambos se quedaran allá.
Fue lo que los amarró. Y, después, tras la captura de Abimael Guzmán (setiembre del 92), todas las ONG comenzaron a regresar. Antes, ni bien recibían una amenaza, tenían que salir. Por eso mi papá decía: "A nosotros nos respetan, nunca nos ha llegado una amenaza". Yo siento que su entereza, su voluntad, han sido un ejemplo para los siete hijos y los ahora casi 20 nietos.
Mientras, ¿usted qué hacía?
Consultorías. Lo hice hasta antes de iniciar mi vida en Finca: yo era una feliz consultora independiente (ríe)...
¿Cómo fue absorbida por Finca?
Porque le dije a mi mamá: "Yo te puedo ayudar". Mira, cuando las ONG regresaron a Ayacucho y vieron que había 250 mujeres manejando bancos comunales, decidieron financiar proyectos similares.
Esas 250 mujeres...
Eran las que mi mamá había organizado.
Ella les prestaba dinero y les pedía como garantía únicamente su palabra.
Si eres mujer, quieres trabajar y necesitas... Empezaron con préstamos de 50 dólares, no les podían dar más.
Creyeron en la palabra. ¿No era una locura?
Por eso fueron los pioneros. Y rompieron con ideas como que los pobres no pueden ahorrar, los pobres no pagan, son impuntuales, la gente que no tiene más que segundo de primaria no tiene posibilidad de desarrollarse... Y mira, ahorita, en Ayacucho, debe haber 30 organizaciones como Finca que incluso nos han superado en número de clientes.
Descubrieron que la mujer es una excelente pagadora. ¿Qué más descubrieron?
Que la mujer puede ahorrar porque lo hace para la educación de sus hijos, para mejorar su vivienda; y, cuando tienen mayores ingresos, ellas mejoran su alimentación. Pero: ¿por qué ahorra para el largo plazo? Porque ante todo piensa en sus hijos. Nosotros (como país) no tenemos una cultura del ahorro y nos cuesta creer que quienes menos recursos tienen lo pueden hacer. Sin embargo, nuestra experiencia nos ha demostrado que por cada dólar que nosotros prestamos, ellas tienen ahorrados dos.
Ustedes han demostrado que la mujer campesina de Ayacucho, Huancavelica y Lima, pese a carecer de una educación formal...
Puede manejar perfectamente una empresa, porque un banco comunal es una empresa. Una empresa en la que hay que establecer controles, operaciones transparentes y en la que hay que pensar con la cabeza fría porque son sus ahorros lo que ellas están prestando.
Precisamente John Hatch, el fundador de Finca International y creador de los bancos comunales, ha dicho que en el mundo no hay experiencia como Finca Ayacucho.
Él dice que somos unos 'talibanes', unos fundamentalistas porque no hemos retrocedido en nuestra misión social de lograr la autovaloración de la mujer. En el 98 cancelamos todas nuestras deudas y, desde entonces, utilizamos parte de los excedentes que generan los programas grandes y maduros --los de Lima y Huamanga, básicamente-- en profundizar nuestro servicio en las áreas rurales, donde ponerlos en marcha es costosísimo.
O sea que usted, consultora de la Escuela de Negocios de Londres, fue absorbida por el sueño de su madre y puso en orden lo que ella y su padre crearon.
No creo haber puesto en orden, en lo que he ayudado es en añadirle un poco de técnica.
¿Cómo entender que haya funcionado en Ayacucho, el departamento más golpeado del país?
Cuando llegué allá, muchas de nuestras colaboradoras me dijeron: "Tu madre me cambió la vida; la felicidad que tengo en mi hogar se la debo a ella". ¡No sabes qué satisfacción puedo sentir al oír eso!
Fujimori se vende como el presidente que ha llegado a todo el Perú, el que cumplió con los pedidos de la población. Usted que está en la cancha, ¿qué opina?
A Fujimori no le tengo ningún respeto. Pero, ¿quién hizo la carretera de Lima a Ayacucho? Eso cambió la vida de muchas mujeres. Antes, tú ibas de Huancavelica a Huancayo de noche y no veías ninguna luz. Él la puso. Por eso digo: ¿qué hubiera pasado si él hubiese sido honesto? ¡Cuánto se habría podido lograr!
Enseñó a estirar la mano.
¡Definitivamente!
Ustedes, en cambio, le han enseñado a miles a no mendigar, han generado una cultura del ahorro.
Confianza. Creo que es por eso que nuestras socias pagan sus cuentas, porque antes nadie confió en ellas. Ellas valoran mucho eso. Para ellas, más importante que el crédito que les ofrecemos es lo que aquí han aprendido. Los gurús de las microfinanzas critican que organizaciones como la nuestra citen cada semana a sus socias, pero para nosotros el préstamo no es más que un vehículo para el empoderamiento: nosotros aprovechamos cada reunión para capacitarlas.
Aprenden gracias a Finca Perú. Usted, ¿qué ha aprendido?
Que hay gente con una capacidad enorme para luchar.
¿Cuál es el caso más extremo que ha conocido?
Todo aquel en el que el padre viole a sus hijas, porque los casos de abandono, de violencia, tampoco me gustan, pero hay situaciones que son terribles...
Precisamente, a través de esta herramienta --los bancos comunales--, Finca Perú inculca en miles de mujeres una cultura de respeto hacia ellas mismas...
Una valoración de ellas mismas que pasa por tener autoestima, confianza. Hay mujeres que vienen a su reunión todas amoratadas, otras que ni siquiera hablan, pero todas sienten que aquí tienen una red que las protege. Ha habido casos en los que ellas se han unido y le han dicho a un marido: "Te metes otra vez con esta muchacha y te damos duro".
Queda claro: Finca Perú no es solo bancos comunales.
Lo es, pero aprovechamos que ellas vienen por sus créditos para capacitarlas en diferentes aspectos. Ahora, las que vienen solo por su crédito no duran mucho. Pero las que se quedan, reciben un servicio mucho más integral. Los bancos son nuestro instrumento.
Y pensar que se metió en esto solo por ayudar a su mamá.
Por ayudar a que se cumpla el sueño de mi madre y de mi padre, este terminó convirtiéndose en mi propio sueño. Ahora, yo sé que podría estar en otro lado --tengo las calificaciones y la experiencia para hacer consultorías a otro nivel--, pero en Finca yo me siento feliz.
LA FICHA
Nombre: Iris Lanao Flores.
Colegio: Santa Rosa de Lima.
Estudios: Egresada de la entonces Escuela de Economía de la UNI, con maestría en Investigación Operativa de la Escuela de Negocios de Londres y estudios en la Universidad de Stanford.
Edad: 56 años.
Cargo: Directora ejecutiva de Finca Perú.