Por Mariella Balbi
Son 880 los distritos del Perú donde se concentra una cruel realidad llamada extrema pobreza. Estos se ubican mayoritariamente en las zonas altoandinas --aunque la selva también vive la postración--, son de difícil acceso y están abandonados de las manos gubernamentales. El Estado parece no contabilizar a esta población, pese a destinar programas de ayuda social para estos sectores. Hasta hoy la política para combatir este crucial asunto se ha hecho mal, pésimo si se tiene en cuenta que tenemos un 25% de desnutrición infantil y 44% de nuestros compatriotas en situación de pobreza. Por más que los guarismos desciendan, no resuelven el problema. Incluso se escuchan voces que con crudeza sostienen que la brecha es imposible de cerrar, y si sucede tomará 25 a 30 años lograrlo.
El régimen de Fujimori comenzó con Foncodes, estuvo bien diseñado, luego se politizó, pero nunca fue una estrategia integral. Toledo siguió con los palos de ciego y el gobierno de García no logra articular un trabajo que sea consistente y efectivo. El trabajo mal hecho hace que millones de niños no completen la ingesta calórica indispensable, creando generaciones de futuros adultos que serán limitados intelectualmente y de manera irreversible. Suena absurdo pero es verídico: hasta hoy ningún programa pesa a cada niño, ni lo desparasita para que el alimento sea asimilado, ni hay controles mensuales. Esas son herramientas de gestión indispensables, que sirven para elaborar la así llamada línea de base, es decir, de dónde parto. Solo así se puede saber si la desnutrición ha disminuido, cuánto y sobre todo la rentabilidad y logros de la inversión social.
El Ejecutivo anunció un monto considerable para este fin y aparentemente se comenzará a elaborar la necesaria línea de base, lo que no se llega a digerir es cómo sucesivas administraciones estatales no hayan dado pie con bola o hayan mostrado tal negligencia frente a este tema. Se ha comentado en exceso sobre la necesidad de contar con un zar, un encargado de la lucha contra la pobreza. La PCM dirige la estrategia Crecer sin darse abasto porque la coordinación entre los sectores es débil y está el peligro de la politización. Ironías de la política: Pilar Nores y su programa Sembrando resulta siendo el más solvente, útil y técnico.
El presidente García fustiga a los burócratas, a los malos maestros, a quienes obstaculizan la inversión; para que haya menos pobres necesitamos que se encargue de este combate con la misma pasión e interés. Le pasa lo mismo que al primer ministro y a la titular del Mimdes, atiende muchos otros asuntos y el de la pobreza no acepta dilaciones, ineficiencias, menos ausencias. Principalmente porque hasta el momento las cosas no han marchado como debían, que de 100 niños peruanos 25 padezcan de desnutrición es algo aberrante, sin embargo nada parece alterar a la organización estatal. Tan difícil no es, se requiere de técnicos, de mediciones minuciosas y de alguien comprometido las 24 horas del día.