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EL KINDLE AMENAZA

¿Adiós al libro?

Editorial "El Tiempo" de Colombia

En estos días enfrentamos una pregunta paradójica: ¿Habrá llegado el final del libro, tal como lo conocemos?

Hoy es un hecho la posibilidad de que las bibliotecas se conviertan en pequeñas memorias electrónicas, donde 10.000 obras caben en algo así como una caja de fósforos, y las promesas de una tecnología de lectura radicalmente distinta a la de la página impresa hace rato salieron de los sueños de los científicos para convertirse en candentes interrogantes que pueden afectar la forma como la humanidad ha leído por siglos.

Un artilugio electrónico de reciente aparición llamado Kindle --una pantalla del tamaño de un cuaderno equipada con un archivo capaz de almacenar hasta 200 textos extensos-- será el que, según sus inventores, rece el responso por el viejo libro de papel y tinta. No es la primera vez que se expide el requiéscat al viejo invento del impresor alemán Johannes Gutenberg, la imprenta de tipos móviles, que nació a mediados del siglo XV y sigue tan campante. Hace más de 30 años, el profesor canadiense Marshall McLuhan extendió partida de defunción a la palabra escrita y se supone que su autopsia abarcó, por derivación lógica, los diarios, las revistas y el libro. McLuhan ya no está, pero las publicaciones impresas sí.

Pero, según los inventores del Kindle, ahora sí llegó el aparato que sustituirá a aquel fiel compañero de tomo y lomo que atesora en sus páginas mil y un mundo distintos. El Kindle, al que precedieron al menos dos propuestas de libros electrónicos, procura parecerse a su víctima en tamaño, lecturabilidad y manuabilidad. Pero promete contenidos más fáciles de guardar y más baratos; un libro-e costará entre un tercio y un cuarto de un libro, y se puede conectar vía inalámbrica a la red para 'bajar' una novela con un clic y unos cuantos dólares. Lo más paradójico es que el inventor del Kindle es el dueño de Amazon Books, Jeff Bezzos, quien amasó su fortuna vendiendo libros, incluso de segunda y tercera mano, a través de Internet.

Es difícil pronosticar si el antiquísimo objeto llamado libro pasará a mejor vida. Nadie adivinaba hace unos años que el iPod permitiría portar discotecas completas en el bolsillo de la camisa (y, desde hace poco, descargar películas de su tienda virtual). Hay argumentos ecológicos contra el consumo de bosques en papel y el peso y volumen que ocupan las colecciones de libros. Pero hasta ahora ningún aparato ha podido derrotarlo por la sencillez de su manejo, su portabilidad, su versatilidad y el hecho de que no necesita pilas ni corriente. Por eso, no está clara la extinción del libro. E, incluso con ella, solo asistiríamos a la muerte de un formato suyo. La Biblia, el Quijote y "Cien años de soledad" seguirán siendo libros, aunque quizás haya que agregarles la 'e' de 'electrónicos'.

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