Zhu Jirui es chino y está casado con la peruana Carmen Rosa del Río. Desde el 2004 la feliz y enamorada pareja reside en Beijing
Por Patricia Castro Obando. Corresponsal
BEIJING. En cuestiones del amor aquí en China existe todavía una gran muralla entre chinos y extranjeras, pero una ruta de seda entre extranjeros y chinas. Sin embargo, hay una pareja que es la excepción de las estadísticas: Zhu Jirui y Carmen Rosa del Río.
Él es chino y ella peruana, están casados desde aproximadamente ocho años y tienen un hijo llamado Antonio. Viven en Beijing desde el 2004 y, todavía, cuando van de compras, tomados de la mano, acaparan las miradas locales. Entonces, aprietan sus dedos.
La pareja se conoció en Lima, a principios de 1997. Al año siguiente se comprometieron. "Él todavía no hablaba bien español. Una tarde fue a mi casa cuando yo no estaba. Quería pedirle permiso a mi mamá para ser mi enamorado. Cuando llegué, por la noche, aún seguía allí. En todo ese tiempo mi mamá no le había entendido nada, pero igual le decía que sí", recuerda Carmen Rosa.
Se comprometieron en 1998 y a fines del año siguiente se casaron tras largos y tediosos trámites. "En China basta ir juntos a una oficina, hacer una cola y llenar un formulario para estar casados al momento en que estampan el sello. Pero en el Perú es un dolor de cabeza. Felizmente no tengo que volver a casarme con peruana", refiere Zhu Jirui. "El sacerdote me dijo que aunque yo fuera agnóstico, mis hijos debían ser católicos. ¿Pero cómo puedo yo decidir sobre una opción tan personal?", agrega.
Ambos tuvieron que vencer los temores que invaden a las parejas de distintas culturas. "Yo tenía una enamorada en China, así que volví para romper con ella. Lloramos mucho, nos queríamos bastante. Pero ella nunca sería la esposa que yo necesitaba para formar una familia", afirma Zhu Jirui. Carmen Rosa tampoco ha olvidado las palabras de su madre: "¿Y qué pasa si te lleva a vivir a China y después no te trata bien? ¿Qué harías allí tú sola?".
Parte de la profecía se cumplió; no obstante, Carmen Rosa asegura que su esposo tiene paciencia oriental. "En el Perú ella no sabía preparar nada. Cuando llegamos aquí empezó a cocinar todo sancochado, pero eso es muy difícil de aceptar para un chino. En nuestra cultura el estómago es más importante que el corazón. 'Carmen, estoy sufriendo', le dije. Ahora ha mejorado bastante", responde Zhu Jirui, que prepara deliciosos platos cuando está en casa.
VIDA EN CHINA
En el 2004 se trasladaron a China. Como hijo único, Zhu Jirui asumió los negocios de la familia. Ya había nacido Zhu Andong, que en el Perú fue bautizado como Antonio Zhu del Río, el hijo de ambos. Recién a los 4 años descubrió en China que su padre era chino y su madre 'laowai', el término en mandarín coloquial para extranjero.
"Sus compañeros de clase le preguntaron por qué sus padres se besan cuando se saludan. Llegó a casa molesto. En China nadie se besa. Yo le dije: 'Tu mami es mi esposa, y yo, aunque sea chino, la beso cuando quiero'. Ha tenido que aprender a vivir en dos culturas", comenta Zhu Jirui sobre Antonio.
En su oficina, cuando sus clientes chinos ven la foto de su hijo, le comentan que parece extranjero. Él les explica que su esposa es peruana y recibe otra pregunta. "¿Por qué te has casado con una extranjera? Zhu Jirui siempre responde de la misma forma: "Por amor".
MÁS DATOS
Mala suerte para las mujeres
4Más del 88% de los hombres extranjeros que residen por un mínimo de medio año en este inmenso país han iniciado alguna vez una relación con una mujer china.
4La misma encuesta en páginas chinas de Internet detalla que no más del 1% de las mujeres extranjeras solteras que residen en China alguna vez han mantenido una relación con un hombre chino.
4Por ahora, todos los sitios de Internet coinciden en que China es el peor lugar del mundo para que una mujer extranjera logre tener, al menos, una cita.