Por Pedro Canelo
La Universidad de San Martín de Porres es como un deportista de aventura que escala con la facilidad de quien no lleva mucho peso en su mochila de caminante. Escala por cumbres inalcanzables y marca el paso. Sin una historia penosa que lo arrastre o que lo frene. La San Martín escala y ayer dejó los salones de pregrado al superar a los antiguos exponentes de la maestría.
Le ganó 2-0 al River Plate de Argentina, el mismo equipo que hacía 12 años no perdía en Lima con clubes peruanos. La última vez fue el 1 de mayo de 1996 cuando el mejor Cristal, de Palacios y Solano, lo superó 2-1 con pista de baile sobre el césped del Nacional.
Como buen universitario, el equipo de Santa Anita salió a la cancha dispuesto a cumplir con sus asignaturas pendientes. Los estudiantes, los buenos estudiantes, creen en la teoría del crecimiento por etapas. Y en el Monumental de Ate, los más de veinte mil acompañantes (sería muy bizarro decir que todos eran hinchas santos), fueron testigos de una titulación donde se sustentó la tesis de que los libros nuevos se leen con mayor placer.
Los once dirigidos por el 'Chino' Rivera sabían que ese encuentro comentado por pocos y, quizá, esperado por nadie, era el partido de sus vidas. Y así lo jugaron. Con el cerrojo absoluto de Contreras, con el sacramento de la confirmación de Leao y con ese triángulo de las Bermudas (Pérez, Hinostroza y Del Solar) donde se ahogó la fiera. Así, los blancos se disfrazaron de impasables y confiaron en los chicos nuevos que (en Santa Anita hay un ojo clínico para los contratos) llegaron para calmar la sed goleadora de un equipo que en la segunda mitad del 2007 padeció en un desierto de apatías que los desmayó siempre a unos metros del arco.
En Fox Sports, tanto Juan Pablo Varsky como Mariano Closs, decían que ese triunfo de la San Martín era como si el rector de la Universidad de Belgrano forme un equipo y le termine ganando a Boca. La historia podría ser resumida así, pero se saltearon varios episodios.
CURSO ACELERADO
Varsky, correcto e inquieto, se preguntaba por qué había caminado tan rápido ese equipo que cuando Cienciano campeonaba en la Sudamericana (2003) aún no había ni nacido. Lo que le dijeron después fue que el cuadro universitario es como esos edificios de lujo construidos con la celeridad y eficacia de las sólidas inversiones.
Apareció en el 2004 y hoy es la mejor expresión colectiva del fútbol peruano, solo comparable a la 'U' de principios de los noventa, al fabuloso Cristal de Oblitas y Markarián o al ganador Cienciano de Ternero.
No hay duda: San Martín seguirá caminando y ningún fantasma del ayer le pedirá retroceso. Quizá nuestros antiguos representantes ya vivieron demasiado y merecen descansar. Que en este verano de sauna, sea el equipo de Santa Anita el que nos calme la sed. Que sea el refresco (y la vitamina) de nuestro famélico balompié.
RIVER FUGÓ SIN HABLAR
El silencio de los inconscientes
Solamente apareció el técnico Diego Simeone a un lado de la zona técnica para responder con la brevedad de quien desprecia al interlocutor. Dijo que la cancha del Monumental de Ate había crecido mucho y que eso les complicó el partido a los de la "banda".
Después, quien algún día fue el 'Cholo' de la gente, reconoció que a su equipo le costó unirse para hacer fútbol y que la San Martín les cortó muy bien los caminos en el campo de juego.
No dijo más, ni él ni sus requeridos muchachos. Se portaron mal, desde que bajaron del avión. Solo algunas intervenciones de Sebastián Abreu y de Ariel Ortega en el aeropuerto y no se diga más.
A los miembros del equipo argentino no les importó que su llegada fuera prioridad de las agendas informativas de los medios peruanos. Simeone --cómo has cambiado Simeone-- dijo que el jefe de prensa iba a organizar todo. Y nada. Desamor en silencio.
Estaba claro que sin la frescura de un resultado positivo, iba a ser mucho más difícil esperar declaraciones de los "millonarios".
Ocurrió lo previsto, la movilidad ingresó hasta el campo del Monumental y se los llevó. A todos. ¿El 'Chino' Rivera debería portarse igual en Buenos Aires? No, no es para tanto. Hay palabras prescindibles.