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LA ESTRATEGIA POLÍTICA QUE TODO PARTIDO DEBE TENER

Los nuevos cálculos electorales del Apra

Por Enrique Bernales Ballesteros. Jurista

Sorprende la reacción de algunos políticos a las palabras del presidente Alan García invitando a las bases apristas a aumentar su activismo, con vistas a ganar las elecciones del 2011. Ningún partido en el poder gobierna para que su sucesor sea la oposición. Debe, más bien, esmerarse por gobernar con solvencia. Si se granjea la simpatía popular, las posibilidades de permanencia en el poder se acrecentarán.

Países con altos índices de gobernabilidad han hecho de la continuidad del partido en el poder un elemento de estabilidad política. Ahí está Inglaterra, donde los laboristas triunfan hace años; en Francia pasa lo mismo con la derecha centrista; en España, entre 1982 y 1996, los socialistas ganaron cuatro elecciones consecutivas; en Chile la Concertación Democrática gobierna desde hace más de 16 años.

¿Puede suceder lo mismo en el Perú si al gobierno aprista los ciudadanos le otorgan un voto de confianza electoral el 2011? No. Mi hipótesis es que la exigencia planteada por García a las bases apristas no mira al 2011, sino que es el requisito para que el propio García retorne triunfalmente el 2016, con 66 jóvenes años a cuestas.

Claro, es obligación política de todo gobernante ser eficaz y obtener buenos resultados, pero lo que resalto es el concepto de estrategia política que todo partido debe tener. Es lógico entonces que el Apra tenga la suya y estaría muy mal, en cambio, que la oposición no la tuviese o que ella se reduzca al tradicional "anti".

¿Por qué una buena gestión no alcanzaría en el Perú a producir los mismos resultados de continuidad? Los argumentos son varios; el primero, que la renovación de la confianza ciudadana existe en un "sistema de partidos". Como consecuencia de ello, la política está más institucionalizada, los pesos y contrapesos entre Gobierno y oposición funcionan y el factor personalización del poder está sometido a mecanismos de control que lo disminuyen drásticamente. Esto no se da en el Perú, donde el único partido, que es el Apra, está rodeado de frágiles organizaciones electoralistas.

Al Apra, ser el único partido no le favorece mucho y al país menos. Para mantenerse en el poder hay que competir y ganar en buena lid. Pero si existe un solo partido, la continuidad se parecerá demasiado al régimen de partido único, que es la forma más cercana de autoritarismo y antidemocracia. En tales condiciones, cualquier coalición de contrarios tendrá la mesa servida para derrotar al Apra el 2011.

Un segundo elemento que impedirá el triunfo aprista del 2011 es el carácter fundamentalmente antropomórfico de la política peruana. Guste o no las bases apristas son alanistas y la capacidad carismática de este para ganar elecciones, aún en las condiciones más desfavorables, está fuera de duda. Pero su reelección inmediata está descartada; no solo porque la Constitución lo prohíbe, sino porque la habilidad política de un estadista consiste en no forzar situaciones cuando las condiciones objetivas no favorecen la posibilidad de revertir esa situación.

Así las cosas, Alan no buscaría la reelección el 2011 ni está convencido, a fuerza de buen político, que el Apra pueda ganar las elecciones de ese año. No, lo que busca es una gestión que se recuerde porque la economía creció, hubo estabilidad política, se avanzó algo en la reducción de la pobreza y en la descentralización y se aclararon más las cosas en el combate a la corrupción y el narcotráfico. Si esta hipótesis es correcta, los fastos del 2021, año del bicentenario de la independencia, se iniciarán bajo el tercer período presidencial de Alan García.

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