Por: Juan Paredes Castro |
La obsesión peruana por los cálculos electorales puede más que cualquier racionalidad democrática y de hecho arrastra a los partidos políticos a ejercicios complicados, ya que al no encontrar alternativas se suman en profundos dilemas, como ocurre con el Apra.
Entendemos como alternativa la elección de dos o tres opciones. El dilema representa más bien un punto semimuerto. Alguien, que ya no recuerdo, sabía definirlo muy bien: el dilema --decía-- es como el soldado atravesado por una lanza. Si se la sacan, muere. Si se la dejan dentro, también.
El Perú es todavía un país de oportunidades perdidas y de alternativas no construidas. ¿Por cuánto tiempo más estas premisas van a seguir modelando el perfil nacional?
Por eso siempre estarán rondando nuestras vidas los dilemas, esas salidas que no son salidas, pero que algunas veces esconden, si no una sorpresa, un milagro.
A propósito, el hecho de que al Apra (no a Alan García) se le haya cruzado por la cabeza la posibilidad de repetir el plato del Gobierno el 2011, no es de lo más oportuno ni pertinente, pero no deja de guardar una natural legitimidad como previsión.
El problema es que como no tenemos un sistema de partidos y sí un buen manojo de caudillos y caudillismos, no podemos hablar de reales y efectivas alternativas de gobierno. Inclusive la administración aprista, con lo bien que puede estar haciendo muchas cosas, no alcanza a constituir una alternativa a futuro de un nuevo gobierno. Primero porque todavía flota la incógnita de cómo terminará su actual ciclo. Segundo porque el grueso de capital de construcción de una alternativa de gobierno hacia el 2011 pasa por una oferta de inclusión social y no sabemos si la gestión aprista, que tiene todo en sus manos para manejarla, podrá finalmente cubrirla con creces.
Lo que sí tenemos ante nosotros son los dilemas del Apra. Doctrinalmente nadie en el partido quisiera zanjar nada. Ni hayismo ni alanismo. Por ahora solo aprismo, más de nombre que de contenido. Gubernamentalmente el dilema de cuánta injerencia partidaria es admisible en la planilla estatal solo se atenuará en la medida en que los resultados de gestión sean buenos. Electoralmente, nada peor que proyectar cálculos cuando faltan tres años.
Sin embargo, si hay que poner una carta sobre la mesa, el dilema electoral corre en tres frentes: 1) el de un final gubernamental exitoso con candidato propio o independiente; 2) el de un final gubernamental a media escala, sin entusiasmo por candidaturas; y 3) el factor de desgaste y de oposición que juega y jugará siempre muy fuerte contra el Apra.