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MI NEGOCIO

Para ponerle marco

Los matices del arte

Por Mayra Castillo

Semanas atrás, un artista plástico nos consultó por correo: ¿Se puede hacer empresa con el arte? ¿Qué espacios existen para vender arte? Quizá la complejidad del trabajo artístico --único, subjetivo y cargado de significados más profundos-- podía resultar muy diferente al comercio de productos y servicios de los que damos cuenta en Mi Negocio. Sin embargo, nos estábamos dejando ganar por el prejuicio. Buscando una respuesta coherente, encontramos ejemplos de artistas y empresarios que juntos han sabido armonizar negocios y talento artístico, y de este modo ofrecen productos y diseños novedosos, pero de uso cotidiano. En suma, hay artistas que no se 'han vendido' sino que, a contracorriente, han ganado con sus talentos.

ESPACIOS ALTERNOS
Artista sin difusión es un artista que se marchita de frustración. Luisa Michelsen y Maricarmen Felices --artistas plásticas y socias de Espacio Exhibe-- no esperaron a sentir los síntomas. "Volvimos de estudiar en el exterior y no había galerías ni gente dispuesta a dar lugar a artistas jóvenes como nosotras", recuerda Maricarmen. Con una inversión básica de US$2.500, dos computadoras, celulares y una línea fija surgió la página web www.espacioexhibe.net. En esta plataforma virtual aparecen las pinturas y esculturas de artistas de Bellas Artes, la Facultad de Artes de la PUCP y Corriente Alterna, con un breve detalle del autor y el precio. "No promovemos una sola tendencia. Este trabajo tiene algo de pedagógico, pues educamos al público sobre otro tipo de arte, de gente no tan conocida", sostiene Luisa. Los interesados, al ver la web, pueden recibir una visita a domicilio (sin costo) para apreciar la pintura y decidirse a comprar.

De Barcelona trajeron la idea de hacer muestras itinerantes en restaurantes, bares y hoteles, de 3 a 4 semanas de duración. Desde junio del 2007 han realizado la labor de curaduría (elección y colocación de cuadros, escribir leyendas y dirigir la iluminación) en locales como Coco de Mer y O Bar. "Allí asiste un público profesional adulto, más sensible, con tiempo para cierto nivel de contemplación y posibilidad de compra", añaden.

La página web exhibe de 4 a 6 trabajos de 30 artistas peruanos. La empresa cobra un 30% de comisión por cada venta, pero aparecer en la galería virtual no tiene costo. "La base de datos es superimportante para encontrar calidad artística y potencial", concluyen.

ARTE PARA TODOS
Visto así, los criterios de mercado, competencia, oferta y demanda son aplicables a los negocios de arte. Eso lo sabe muy bien Lucía de la Puente, reputada galerista que dejó su trabajo en un banco para volverse consultora a tiempo completo. "Después necesité un espacio dónde colgar las obras y decidí abrir la galería", recuerda.

Doce años después, la Galería Lucía de la Puente es de las más reputadas del medio. Ha traído muestras del extranjero, en el 2007 inauguró una sala dedicada a la fotografía, y planea ir a galerías de Chile y Madrid este año. "Comprar pinturas de alguien famoso como Luis García Zapatero, por ejemplo, no es barato, pues su costo debe sostener los gastos de este local de Barranco, los servicios y los trabajadores con el 30% y 35% de comisión", asegura. Eso sí: el artista siempre es el que, al final, decide el valor de su pintura o escultura en base a sus experiencias en otras exposiciones, su técnica, tamaño, materiales y tiempo invertido.

Pero el mercado puede abrirse más allá de Lima. Jeanette Stone es una economista que, de tanto estudiar (y amar) Historia del Arte, ha terminado rodeada de jóvenes pintores peruanos. Y haciendo negocios. "Un amigo arquitecto peruano en Nueva York me pidió ayuda porque no iba a alcanzarle el tiempo para decorar los interiores de una casa", recuerda. Él confió en su buen gusto y le dio las medidas de las paredes. Ella buscó a jóvenes estudiantes y egresados de Bellas Artes, Corriente Alterna y la PUCP, asistió a todas sus exposiciones de fin de ciclo, hizo contacto y envió fotografías (y medidas) de sus propuestas. El primer lienzo se envió por correo, enrollado, con destino a Nueva York en junio del 2007. Así nacía ContactArte --su empresa-- y, desde entonces, Stone trabaja con clientes del exterior que aprecian la 'sangre fresca' de artistas latinos. "Opté por difundirlos fuera, donde hay menos prejuicio con la obra de artistas jóvenes", afirma.

A la fecha, ha logrado colocar lienzos en el hotel Hilton de Birmingham en Inglaterra y en colecciones privadas de Washington y Nueva York. A diferencia del trabajo a consignación, Stone sí compra los lienzos, ya que de esta forma asegura que sus 'proveedores' sigan pintando. "Hay una realidad innegable: hay artistas talentosos que no pueden pintar por falta de dinero", recalca.

En su caso, antes de hacer envíos al exterior solicita el permiso al Instituto Nacional de Cultura (INC) que certifica la autenticidad de la obra. Con los trabajos de estos 6 primeros meses, ya recuperó la inversión inicial de 3 mil dólares. Actualmente, la lista de pintores no puede ampliarse a escultores, porque los gastos en fletes serían demasiado onerosos.

DISEÑO Y ACABADOS
Si hablamos de empresas menos convencionales que han transformado el arte en delicada artesanía (o los trabajos más rústicos en piezas de colección), no podemos olvidar a dos: Índigo y Dédalo. Para Aída Briceño, directora de Índigo, lo más importante es ofrecer algo diferente, con mucho diseño y siempre con motivos peruanos. "No hay que tenerle miedo al márketing de objetos artísticos", dice. Con su hija Verónica hicieron un plan de negocios previo: si no vendían US$1.000 diarios a los 6 meses de instalar el local, se retiraban. En el 2005, a un año de la inauguración, la meta se cumplió. "Mi hija creía que a esta zona tranquila de San Isidro no iba a venir nadie. Pero yo le tenía fe porque estamos cerca de las embajadas y de la zona financiera", añade. El tiempo le dio la razón: sus principales clientes son gerentes y esposas de diplomáticos extranjeros que buscan regalos con motivos peruanos para llevar al exterior.

Dirigido a un público parecido, María Elena Fernández dirige Dédalo con un espíritu innovador creando piezas bellas y utilitarias. "Antes los objetos lindos eran importados, pero ahora hemos abierto espacio para gente muy talentosa a la que solo le faltaba diseño y buenos acabados", apunta Fernández. Sus más de 1.000 proveedores dan cuenta de artesanía fina en madera, plata, textiles, objetos reciclados, vidrio, joyas y un largo etcétera. "En este negocio lo primordial es no estar solo. Tanto el artista dedicado a esa labor íntima como nosotros tenemos que tender lazos. Eso es algo difícil de comprender para un artista pero los más jóvenes tienen menos reticencias", dice.

Quizá esta sea la respuesta más idónea para ese artista plástico que hizo la pregunta del millón. Sí se puede hacer empresa con el arte, mientras se quiera hacer contacto con ese público que, por décadas, ha creído que el arte es terreno de muy pocos.

Ampliar el concepto de arte
En los últimos años, se ha tratado de ampliar la percepción y el concepto del arte, sin fijarnos en la especialidad", responde Marco Ramos, director de Proyección Social y Cultural de la Escuela de Bellas Artes, cuando le preguntamos cuál es la expectativa de la escuela respecto a sus egresados.

Una cifra interesante revela que, en el último proceso de admisión, el 85% de postulantes quería estudiar pintura antes que escultura o grabado. "Pensamos que nuevas asignaturas y talleres de exploración harían que el alumno deje de pensar que lo único con prestigio es la pintura", agrega.

Y es que muchos jóvenes se resisten a aplicar sus técnicas en otros trabajos. Sin darse cuenta, siguen abriendo la brecha entre los artistas y la sociedad. Y por ende, cierran las posibilidades de hallar más consumidores. "Esto podría romperse tendiendo redes con promotores, curadores y consumidores", dice Ramos.

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