Por Rafael Valdizán
Aquella noche de abril del 2004, en un lugar que usualmente no había sido utilizado para conciertos de rock -el centro de esparcimiento de la Universidad Ricardo Palma-, Sepultura arrasó. Las cinco horas de retraso no amilanaron a la furibunda jauría de thrashers que acudió a la cita, pues, como en la guerra o en las situaciones adversas, solo los fuertes sobreviven. Lo sufrimos, lo aguantamos y reventamos: la avasalladora música de los brasileños terminó siendo terapéutica, balsámica, exorcizó la desazón colectiva por tamaña desorganización, terminó con los dolores de cabeza y reveló una verdad incuestionable: la música, más que un arte en sí mismo y cuando es interpretada desde las fibras más sensibles del alma, es además un vehículo de liberaciones de propiedades incluso curativas (aunque suene exagerado). Tal como sucedería luego con Anthrax, lo de Sepultura en Lima, aquella vez, resultó inolvidable.
Bueno, es tiempo de empezar a revivir esos momentos: Sepultura ha confirmado su segunda vez en el Perú, el 13 de marzo en el María Angola. Celebre, grítelo, coméntelo, extienda la buena nueva.
En esta ocasión, la banda nos visitará con una remozada formación: ya no está más Igor Cavalera (batería), lo reemplaza Jean Dolabella, aunque se mantiene la guitarra de Andreas Kisser, tal vez el eslabón más cercano a los comienzos (en rigor, no quedan miembros originales; sin embargo, los cambios, realizados de manera paulatina, no han sido demasiado traumáticos: de hecho, la presencia de Derrick Green, vocalista-guitarrista-percusionista, asegura la fiabilidad del espectáculo).
Sepultura, que a lo largo de 22 años de historia ha ido mutando del black metal a un thrash metal, primero rudimentario y luego bastante técnico, y de ahí a una onda más tribal, dentro de las coordenadas del groove metal, trae esta vez, como su disco más reciente, el "Dante XXI" (2006), un trabajo basado en "La divina comedia", de Dante Alighieri, dividido -como el libro- en tres partes: infierno, purgatorio y paraíso. Incluye un 'cover' de Judas Priest ("Screaming for Vengeance") y significó, además, la última aparición en estudio de Igor Cavalera.
No pocos refieren que lo hecho en "Dante XXI" alcanza estados bastante óptimos, aun si no llegan al nivel de los notables "Beneath the Remains" (1989); "Arise" (1991) y "Chaos A.D." (1993), tal vez la trilogía de obras máximas del grupo.
Queda por descontado un 'set list' de canciones con clásicas obligadas: esas granadas que, desde que fueron lanzadas, quedaron para la posteridad. No imaginamos un concierto sin "Refuse/Resist", "Arise", "Territory", "Ratamahatta", "Attitude" y "Roots, Blood Roots".
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