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EL LADO OCULTO PABLO REÁTEGUI,GERENTE GENERAL DE PANDERO

Desaparecido en acción

2004. QUIENES LO VIERON PARTIR DE LA ORILLA, LLEGADA LA NOCHE PEDÍAN AL CIELO VOLVERLO A VER (CON VIDA, OBVIO). APARECIÓ. DESDE ENTONCES ASEGURA SER MÁS METÓDICO (PARA TODO)

Por Antonio Orjeda

Mariana tiene la culpa de todo. Por ella, templadazo, Pablo dejó Santa María, dejó de surfear. Por Mariana, Pablo siguió de largo hasta Paracas.

Cuando llegaba el invierno, ella y su familia pasaban allá los fines de semana; y él moría por estar donde ella estuviera. Pero en ese mar no se surfea, se corre tabla a vela; y en el techo de su casa había una que él y su padre tiraron una vez que les quedó claro que jamás iban a poderla dominar.

En Paracas, además de Mariana estaba una treintena de windsurfistas. Pablo desempolvó su equipo, se metió al mar. "Me vieron pagando pato", recuerda. Lo instruyeron. Se reencontró con un deporte para el cual creía no haber nacido.

Entonces no tuvo una, sino dos razones para manejar cuatro horas hasta Paracas. Por más que insistió, ella no cedió. No aceptó dejarse llevar por el viento a toda velocidad dando tumbos sobre el mar. Lo que sí aceptó fue ser su compañera.

¿Y PABLO?
La idea le encantó. De Chorrillos a La Punta en tabla a vela. Él, el mar y cinco valientes más en competencia. Necesitarían seguridad, se contrató un zodiac y una patrullera, cuyo motor expiró. Pero como en estas lides nunca pasa nada, decidieron partir nomás.

"Ya en el mar, llegando a la isla San Lorenzo, me pareció lógico bordear la isla". Pablo tenía ya cuatro horas sobre su tabla. El viento era suave y él avanzaba lento. El sol comenzó a caer.

"Me tuve que poner un límite: si cae, me bajo y voy a la isla". Hoy reconoce que es en circunstancias como esa que uno se percata de lo obvio: el mar es muy grande.

No veía al resto de participantes. Bordear San Lorenzo se le hacía interminable. Y pensar que antes de partir habían indicado la ruta, pero él no había prestado atención... El sol seguía cayendo. Pablo se bajó.

"La preocupación no era por mí, en peligro nunca estuve, pero mi esposa estaba embarazada, qué podía estar pensando mi familia: ¡yo era un hombre perdido en el mar!".

Dejó su equipo varado y comenzó a correr, cuando llegó a la cima de la isla era de noche. Sabía que al otro lado había una base naval, corrió una hora más. Ya en casa supo lo que eso había significado para sus pies descalzos.

Ahora: era de noche, estaba en un lugar desierto y rumbo a una zona militar. ¿Podían haberle disparado? "Y estaba vestido de negro, peor". Claro, hoy nos matamos de risa. El asunto es que tras identificarse supo que lo estaban buscando. "Me llevaron en bote a La Punta". Lo esperaban Mariana, su familia y amigos a los que hace mucho no veía. "Se habían estado llamando: oye, Pablo se ha perdido en el mar".

Sábado por la noche. 2004. Eran más de las nueve. "¡Fue un papelón!".

Lo cierto es que desde entonces el hoy cabeza de una empresa que gracias a su gestión ha pasado de facturar US$29 millones a US$40 millones, se declara más metódico. Por supuesto que sigue dándole al windsurf, solo que ahora no deja pasar detalles "como preguntar cómo llegar a La Punta", ríe.

Mariana dio a luz. Inés tiene un año y nueve meses. Nació el año en que su papá desapareció en acción.

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