Los miembros de la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales no supieron ponerse de acuerdo y alargaron una semana más el final del caso del fujimorista Ricardo Pando
Por Renato Cisneros
Si usted quiere jaranearse un lunes por la mañana, tramite un pase en la recepción del Congreso y asista temprano a la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales. No hay pierde. Cada sesión de ese grupo es un involuntario homenaje al humor accidental; un continuo tributo a la comicidad peruana por parte de los alguna vez llamados padres de la patria. Que no estén sentados en esa mesa Carlos Álvarez, Jorge Benavides y Fernando Armas es solo cuestión de tiempo.
La apreciación no es faltosa ni exagerada. Tanto así que ayer, por ejemplo, luego de cubrir los bochornosos incidentes que allí acontecieron, los periodistas salieron de la sala María Elena Moyano con el mismo avinagrado sentimiento de quien sale del estadio luego de ver a la selección nacional: con una mezcla de cólera y graciosa indignación.
Durante casi una hora y media, la subcomisión de marras se dedicó a debatir el informe final preparado por el legislador Carlos Bruce sobre el caso del fujimorista Ricardo Pando, denunciado por subcontratar a un agente de seguridad, pagándole con el sueldo de una empleada fantasma.
Cuando sustentó el documento, Bruce propuso acusar constitucionalmente a Pando solo por el delito de falsedad genérica. El aprista José Vargas secundó esa idea, pero Javier Bedoya de Vivanco (UN) se opuso, pues para él también era pertinente acusar al parlamentario por colusión, en vista de que fue él quien sugirió la contratación de la señorita, a sabiendas de que nunca se presentaría en su despacho.
Diferente era la postura del humalista Fredy Otárola, quien consideró que la sanción debía incluir falsedad genérica, colusión y también peculado.
Las posiciones más extremistas (y benevolentes) eran las de Martha Moyano, colega de bancada del denunciado, y del aprista José Herrera: ellos no encontraban vicio alguno en el proceder del polémico Pando.
Con tal diversidad de posturas no fue raro que la sesión terminara convertida en un impresentable show de duelos personales, siendo el más, digamos sabroso, el que animaron Otárola y Vargas, dos inofensivos pero tercos 'otoronguitos', que se ladraban de lejos sin llegar a morderse. Ambos contaminaron la discusión con golpes tan picones como ordinarios.
Al final, tras una doble y laberintosa votación en la que se percibió un cierto ánimo indulgente para con Pando, no se obtuvo ningún resultado concreto. Fue una hora y media invertida en nada. Lo único claro es que el próximo lunes se votará nuevamente la propuesta inicial de Bruce, en la esperanza de que a lo largo de esta semana los miembros del grupo de trabajo reconsideren sus criterios para tomar una decisión consensuada.
Ayer, en la primera consulta, el único que votó a favor del informe de Bruce, además del autor, fue el aprista Vargas. El resto de 'compañeros' se abstuvo y los humalistas votaron en contra.
Luego, ante la propuesta de Bedoya de Vivanco para incorporar la figura de la colusión en el documento, solamente los dos representantes del PNP lo respaldaron. Los apristas se dividieron entre la abstención y la oposición.
Es justo señalar que si el debate se descarriló y la sala por un momento pareció el vestuario de un equipo de fútbol de Segunda División que acababa de perder por goleada, fue por responsabilidad directa del presidente del grupo, el upepista José Saldaña, cada semana más falto de reflejos y vacilante al momento de imponer disciplina.
Ya lo sabe, aburrido ciudadano. El próximo lunes, si quiere ser testigo del folclor más encumbrado, lleve su silla al Congreso, pregunte por la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales y espere. El espectáculo está garantizado.