Por Miguel Villegas M.
Tacna. Un clásico de la filmografía futbolera nacional. El equipo peruano es local pero no llena la cancha. El equipo peruano domina, tira huachas, la rompe, pero el gol lo hace la visita. El equipo peruano alcanza el objetivo (y lo deja ir): tiene la opción de ganar, de empatar siquiera, pero dice no y repite no otra vez. En el Perú los penales se hicieron para sufrir.
Puede llamarse Alianza, Cristal o la 'U'. O como usted quiera. Cambia el color de la camiseta, no el rostro de la derrota.
Anoche fue Bolognesi el que, sacándole la vuelta a los libros de historia, se quemó con el último cartucho.
No es culpa de los once que cayeron 0-1 ante el práctico Nacional de Pelusso. La factura debe ir a la cuenta de sus dirigentes, aplaudidos en el último torneo por su visión empresarial, inocentes titulados en este verano de Copa Libertadores. La ingenuidad los hizo creer que su joven equipo podía hacerle frente a dos pesos pesados del continente (Nacional y Flamengo) sin refuerzos de fuste. Y aunque Reynoso dice que no están muertos, un punto de seis como locales da para ir pensando en el tamaño adecuado del ataúd.
Pero no todo es malo en Bolo. De hecho está con un pie fuera de la copa, pero el otro sí sabe lo que hace. Y lo hace bien. El equipo de Juan Máximo agrada a la vista pero agrede al hígado. Molesta que su fútbol bien elaborado termine en esos pelotazos al área que nadie entiende. Enoja que pase el centro del campo con perfil de matador y frente al arco dispare con un chisguete de agua. Lo hace todo bien hasta el último disparo. Ese que puede convertirlo en lo que dice que es, un coronel victorioso.
Y no un cadete de primer año que debe soportar el castigo de sus mayores. A Nacional le bastó una jugada, una pelotera, una indecisión, un gol, para irse feliz a casa. Otro video hecho en casa: es el minuto 8, un centro muerto, los centrales todavía andan acomodándose la camiseta y el arquero los guantes. La mete Fornaroli, es autogol de todos, pero hay que dárselo a Diego Penny. Y que aprenda.
¿Que viene ahora? Primero, ojalá la derrota de anoche no sea el amanecer después de una borrachera copera. Bolo se reforzó menos, casi nada, a diferencia de Cienciano y San Martín, y los resultados se van apagando solitos en el marcador del Jorge Basadre: 0-0 con el Fla, 0-1 con el Nacional.
Segundo, la Libertadores es Marte y los peruanos no debemos andar en Neptuno. Es un torneo absolutamente distinto que exige jugadores distintos.
Tercero, y para cerrar, olvide esta película. Estuvo mala, sí, pero lo mostrado por Bolognesi dice que pueden venir mejores capítulos. Crea, por una vez, crea.
LA MOLESTIA DE JUAN REYNOSO
Más 'Cabezón' que nunca
Tacna. Al final del partido, la cara seria de Juan Reynoso lo decía todo. El malestar reflejado en el rostro pétreo del cabezón al ver cómo Mostto y Ostersen intercambiaban camisetas con dos jugadores del Nacional vencedor. ¿Dónde quedó la dignidad del coronel que no supo defender su plaza? Eso seguramente se habrá preguntado en silencio el estratega del Bolognesi al mirar esa escena mientras el Basadre apagaba sus luces.
Ya en la sala de prensa, a la hora de la conferencia pospartido, Reynoso sí habló: "Para clasificar necesitamos ganar dos partidos afuera y sacar adelante el partido en el Cusco contra Cienciano". Juan sabe lo empinado que ahora se presenta el camino, por eso quizá no dio más detalles sobre aquello. Sin embargo, sí fue más explícito a la hora de desmenuzar el partido y las razones de la derrota.
"Lo que nos pasó fue muy típico del nivel del fútbol peruano. Perdimos la concentración. Fueron 30 segundos de desatención que nos costaron caro. Porque, hay que decirlo, nosotros lo hicimos todo en el partido".
A su turno, el técnico del Nacional uruguayo, Gerardo Pelusso, ex Alianza Lima, le daba la razón a Juan Máximo, que estaba más 'Cabezón' que nunca. "Si dijera que merecíamos el triunfo, no estaría diciendo la verdad. Bolognesi dominó siempre", indicó Pelusso.