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En destaque FILIPINAS. RELIGIOSAS PROTEGEN A TESTIGOS

Las monjitas también saben ser guardaespaldas

MANILA [EFE]. Los soldados más aguerridos y los policías de comandos especiales son menos confiables que las cándidas monjas de Filipinas que asumen la arriesgada misión de proteger a personas amenazadas, a las que la muerte acecha al doblar cualquier esquina.

Armadas solo con rosarios, este reducido grupo de religiosas, a las que la gente llama cariñosamente Ángeles Protectores, forma un inquebrantable cordón de seguridad en torno a su protegido, cuando este debe salir del refugio para declarar en calidad de testigo por algún caso de corrupción.

Ataviadas con el hábito de su respectiva orden religiosa, las monjas caminan cogidas de la mano mientras rezan y, como haría en su lugar un guardaespaldas profesional, empujan sin miramiento a todo aquel que pretende aproximarse a la persona que protegen.

Casi todas ellas son mujeres de físico menudo y no han hecho un cursillo de artes marciales, pero infunden mucho respeto en este país en el que con un puñado de billetes es posible contratar los servicios de un pistolero a sueldo, y donde también se dice que los tribunales de justicia son incompetentes y corruptos.

Sor Estrella Castalone, de la Asociación de Superioras Religiosas, está al mando del grupo integrado por una decena de monjas católicas de las Hijas de la Caridad y de otras órdenes religiosas como las Hermanas Salesianas y del Buen Samaritano, que desempeñan esta clase de misión cuando reciben instrucciones del Obispado de Manila.

"Este es un riesgo que la Iglesia asume", indicó Ángel Lagdameo, presidente de la influyente Conferencia de Obispos Católicos de Filipinas, después de que el 'comando' de monjas protegiera con éxito al principal testigo del nuevo caso de corrupción que enloda a la presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal Arroyo.

Como ocurría en tiempos del dictador Ferdinand Marcos, cuando los miembros del clérigo acorazaban a los opositores perseguidos, las religiosas mantuvieron vivo y a salvo a Rodolfo Lozada para que relatara ante el Senado los sórdidos detalles de su acusación contra el marido de la mandataria, José Miguel Arroyo, y a un destacado funcionario de exigir una millonaria comisión para 'facilitar' la instalación de una red nacional de Internet de banda ancha.

Por temor a que se cruce por delante una bala asesina, Lozada está cobijado en un convento de la capital filipina, y en cada una de sus salidas a la calle para testificar es resguardado por estas monjas convencidas de que también con rezos se ganan batallas.

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