ENIGMA Nueva publicación
"EL DESTINO FINAL DE UN HÉROE", DEL ESCRITOR NICHOLAS J. SAUNDERS, DOCUMENTA LAS TEORÍAS SOBRE LA BÚSQUEDA DEL EMPLAZAMIENTO DE LA TUMBA ES CONSIDERADA EL VERDADERO 'GRIAL' DE LA ARQUEOLOGÍA
MADRID [EFE]. La historia de los restos del rey macedonio y el monumento destinado a contenerlos, el Soma, está envuelta en misterio. En la aventura de la búsqueda, digna de Indiana Jones, han figurado arqueólogos, locos y visionarios. Octavio Augusto le rompió accidentalmente la nariz a la momia al besarla en su tumba en Alejandría
Ahora, el libro "Alejandro Magno. El destino final de un héroe" (Zenith/Planeta), de Nicholas J. Saunders, profesor de antropología del University College de Londres, documenta por primera vez todas las teorías sobre la búsqueda del emplazamiento de la tumba del personaje y de sus restos, considerados el verdadero 'grial' de la arqueología, componiendo un recorrido por la historia, el mito y la geografía realmente apasionante.
En la aventura de la búsqueda han figurado arqueólogos notables, incluso Schliemann, el descubridor de Troya (al que no le dieron permiso para excavar bajo la mezquita de Nabi Daniel), y Howard Carter, el que halló la tumba de Tutankamón, que presumió ante Farouk de que sabía el paradero de la del rey macedonio. Y también, en gran cantidad, impostores, visionarios y locos pintorescos ("los tontos de Alejandro"). Entre estos últimos, el camarero griego Stelios Koumatsos, que a lo largo de treinta años, desde 1950, se las arregló para excavar por toda Alejandría, a menudo clandestinamente, y dijo haber entrevisto en un pasadizo subterráneo, por un agujero, un ataúd de cristal con el nombre de Alejandro.
De hecho, lo que se sabe históricamente sobre el cuerpo de Alejandro es que tras su momificación en Babilonia fue enviado en un gran carro ceremonial hacia Macedonia. En el camino el regio cargamento fue interceptado por Ptolomeo, uno de sus generales, que se había apropiado de Egipto, y llevado al país del Nilo como un valioso instrumento simbólico de legitimación. Ptolomeo --recapitula Saunders-- instaló el cuerpo en Menfis mientras le preparaba una tumba a su altura en Alejandría, la gran capital que debía potenciar Alejandro con su presencia post mórtem. Así que ahí hay un primer enigma arqueológico: es posible que estuviera en el área de Saqqara, quizá en conexión con el Serapeum.
Saunders apunta que hubo otro traslado urbano, desde una primera tumba, solitaria, a otra más monumental que estaría en conexión con las de los reyes de la dinastía ptolemaica que se enterrarían en la misma área del mausoleo de Alejandro.
El historiador Estrabón, que visitó la ciudad en el año 30 antes de Cristo, señala que el Soma estaba en el distrito de los palacios reales, al norte de la ciudad. "Esta era --apunta Saunders-- la segunda y la más famosa de las tumbas de Alejandro Magno en Alejandría".