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LETRA VIVA

Nostalgia y picardía

Por Ricardo González Vigil

La versatilidad creadora de Jorge Díaz Herrera le permite cultivar todos los géneros (poesía, cuento, novela y teatro), a veces con muestras de diversos géneros en un solo volumen. A nuestro juicio, en la novela logra desplegarse con mayor plenitud expresiva y fortuna artística su versatilidad: cada una de sus cinco novelas ostenta una textura y una atmósfera distintas, acordes con la temática abordada, histórico-épica en "La agonía del inmortal", comunitario-rural en "Por qué morimos tanto", infantil-maravillosa en "El Ángel de la Guarda" y "La colina de Irupé". Y, ahora, este festín de ingenio, picardía y, sobre todo, nostalgia y corazón al desnudo que es "Pata de perro".

Como reconstrucción de la mirada infantil y de las tribulaciones hormonales de la pubertad, "Pata de perro" resulta magistral. Ahí sobresale la vida del barrio, retratada mejor que nunca en las letras peruanas. Muchas de esas páginas poseen un aleteo poético digno de compararse con el Martín Adán de "La casa de cartón", no obstante su mayor consistencia narrativa, su agilidad para integrar las descripciones en la trama. Igualmente admirable discurre la caracterización de un mataperro infantil que se torna un "pata de perro" desde la adolescencia hasta la vejez. El lema "no hay nada como joder" (p. 13) se ve ricamente contextualizado como una forma de zaherir las pautas que rigen las relaciones sociales peruanas (y de otros países, por cierto): el machismo (encarnado en Papagusto y las broncas de barrio) y el racismo (el desdén del padre frente a los "Cocoidé"), junto con el afán arribista. En general, el impulso travieso y vagabundo de Pol se contrapone a las crueles divisiones (que no valen para el alma limpia de un niño) entre ricos y pobres, poderosos y oprimidos; también, sin duda, entre bellos y feos, exitosos y perdedores, países desarrollados y países que nunca logran desarrollarse. Y no todo procede del contrato social; el peor y más doloroso enemigo es el paso del tiempo con su cuota de ausencias y muertes.

De otro lado, "Pata de perro" es una indagación sobre la nostalgia, ese querer volver al barrio natal para constatar que ha cambiado irremediablemente: "Todo se hace trizas" (p. 306). Lo vivido ya se fue, solo persiste en la memoria: "El alma son los recuerdos" (p. 327).

Finalmente, hay un interesante paso de lo real a lo forjado inspirada por la ficción novelesca: un Pol conocido en España nos ofrece un Pol con otros padres y hermanos, otras cuitas amorosas y peripecias políticas, pero igualmente mataperro.

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