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UNA NOVELA SOBRE LA LIMA VIRREINAL

Recuperando el pasado

Por Marcel Velázquez Castro

A diferencia de otras literaturas hispanoamericanas, no tenemos una antigua tradición narrativa que formalice con talento, conocimiento e imaginación el periodo virreinal. Pareciera que la sombra de Palma sigue pesando demasiado; sin embargo, van apareciendo novelas que con la fuerza y la plasticidad del narrador moderno recrean los pliegues de la sociedad cortesana que fuimos.

Jeamel Flores ha publicado algunos libros de poesía, La rosa del virreinato es su primera novela, la cual mereció la Mención de Honor en el Premio de Novela Corta, organizado por el Banco Central de Reserva en 2007. En este texto hay una firme y a veces demasiado explícita voluntad de imbricar el registro de la historia doméstica con el devenir de la historia pública (crisis del régimen colonial, procesos de la Independencia y la formación de la nación republicana).

La rosa del virreinato se construye como una novela que juega con libertad con los discursos y los marcadores temporales de la crónica, la historia y las memorias. Por medio de las voces ficcionales que retoman la ambigüedad de los discursos del siglo XVIII escindidos entre el reformismo ilustrado que buscaba replantear el vínculo con la Corona, y los gérmenes de la incipiente conciencia criolla, el lector se ve transportado a una Lima cortesana y afrancesada, con Iglesias, recuas de burros, calesas y esclavos. El personaje principal es Micaela Villegas y Hurtado de Mendoza, más conocida como "La Perricholi", actriz teatral de la época y amante del virrey Amat. El testamento de Miquita en forma de epístola condensa su propuesta que recupera el gozo del cuerpo y la trascendencia del espíritu.

La amplía galería de personajes incluye prácticamente a todos los actores históricos significativos del último tercio del siglo XVIII y del primer tercio del siglo XX. Esta constelación de personajes ofrece pluralidad de percepciones y sensibilidades que enriquecen la novela. Sin embargo, el papel central está a cargo de las ideas, que pintan, a manera de retratos impregnados por la tinta del pensamiento, a los personajes. Salvo la propia Micaela, los otros personajes centrales son demasiado estáticos para generar la tensión frecuente en toda novela. Esta falta de acción narrativa es una elección estética del creador y obedece a la forma de los discursos que alimentan su historia ficcional.

La pluralidad de voces y de tiempos de la narración permite enlazar y contrastar los hechos acaecidos en el mundo representado de la novela y algunos acontecimientos actuales. Esta es una estrategia riesgosa para el novelista, ya que es inevitable caer en una teleología del sentido del pasado, es decir, en la creación de parámetros fijos de lectura.

La acción narrativa es melodramática, por la naturaleza de la heroína principal. Por ello, la Historia aparece como un escenario teatral en donde los personajes ofrecen al lector el rostro bajo de la máscara, su miseria o grandeza con una intensidad excepcional producto de un lenguaje poético que articula el texto. Hay un afán reivindicativo, una pretensión de "reescribir" la Historia, para hacer justicia a todas las mujeres que jugaron un papel capital en la constitución sentimental de la nación y que son normalmente olvidadas por la Historia, solo atenta a los procesos del espacio público.

Uno de los méritos mayores de la novela es la formalización de un complejo y desgarrado espacio privado como verdadera matriz de la sociabilidad y del carácter de la nación en formación. Por ello, la historia familiar de Micaela Villegas adquiere un carácter ejemplar. Como figura de transición, su carácter libre y desafiante ante la jerárquica sociedad cortesana, prefiguran a su modo el proceso de la independencia del Perú y la formación de una nación mestiza y soberana. Todos somos hijos de la Perricholi.

En síntesis, Jeamel Flores nos ofrece una primera novela compleja e intensa, muy a contracorriente de las hamburguesas literarias que reinan en el mercado. Una novela poética que nos devuelve con honestidad y pasión a un personaje central de nuestra identidad colectiva, y que embriaga al lector con los perfumes de la Historia.

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