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EDITORIAL

El escandaloso caso del colector de San Miguel

N o es la primera vez que los vecinos de San Miguel y de Lima, en general, son prácticamente estafados por Sedapal y sus promesas de erradicar el foco infeccioso que representa arrojar al mar los desagües de más de diez distritos de la capital.

La última crisis se produjo la semana pasada cuando el llamado colector Costanero, recientemente construido por la empresa Consorcio Pativilca, colapsó ante la sorpresa de todos, de la propia Sedapal, del Ministerio de Vivienda, la autoridad edilicia y los vecinos que no podían creer tamaña irresponsabilidad.

La estructura que debía encauzar los desagües, mientras se levanta la prometida planta de tratamiento en el Callao, no impidió que el mar de San Miguel fuera otra vez contaminado, con todas las consecuencias ambientales que se pueden imaginar.

Esta situación no puede continuar. La empresa contratista deberá ser investigada para conocer por qué no cumplió cabalmente los compromisos establecidos en el contrato público que ganó, y eventualmente sea sancionada.

Pero, asimismo, el Ministerio de Vivienda y Sedapal no pueden escapar a sus responsabilidades. Después de 40 años, conjuntamente con Pro Inversión, tienen que realizar el concurso público que permita construir la planta de tratamiento de Taboada en el Callao, parte faltante de la obra Interceptor Norte, para descontaminar gran parte del litoral limeño. ¿O debemos esperar otros 40 años?

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