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EL FIN DE LA ERA DE FIDEL CASTRO EN CUBA

El ocaso de los dioses

Por Francisco Miró Quesada Rada. Politólogo

En la mitología griega los titanes apoyados por los hecatónquiros, unos gigantes con cien brazos y cincuenta cabezas, derrocaron a los dioses y tomaron el poder. Entre los germanos también hubo un ocaso de los dioses.

Pareciera que existe un destino inexorable para que los dictadores, aquellos que abusan del poder y quieren controlar la vida de cada persona, infiltrando la sociedad con toda la fuerza que les proporciona el Estado, caigan definitivamente.

Pero este fenómeno es cierto en parte, porque algunos no son derrocados hasta renunciar, como sucedió con Fidel Castro, o morir en su 'trono', que es el caso de Francisco Franco. A la muerte del dictador español se preparó una transición hacia la democracia. ¿Pasará lo mismo en Cuba? La historia lo dirá, porque las dictaduras tienen condicionamientos y resortes muy sólidos que son difíciles de romper.

El modelo cubano es el mismo que tuvieron los rusos y las naciones de Europa Central. Un intento por construir el socialismo con métodos totalitarios que ha fracasado. Un partido único con poder omnímodo, controlado por una cúpula, que a la vez controla los medios de producción y los medios de comunicación, bajo la convicción de que solo el Estado debe manejar la economía e imponer la ideología como la única verdad oficial.

A partir de la creencia de que el partido tiene la misión de conducir a los pueblos hacia una sociedad superior, las órdenes y decisiones de quienes lo controlan no pueden ser cuestionadas en nombre de esa sociedad superior. Surge de esta manera el concepto de dictadura institucionalizada, que Antonio Gramsci, el ideólogo marxista italiano, llamó el príncipe institucionalizado, para diferenciarlo del príncipe individualizado, de Nicolás Maquiavelo.

Esta explicación es parcialmente verdadera, porque en la mayoría de los casos el poder de la institución está sometido al poder personalizado de un líder, de un caudillo portavoz de la verdad oficial y encarnación de ideas que él considera incuestionables.

El culto a la personalidad es indesligable de las dictaduras y Cuba no escapa a esta realidad. Como bien ha señalado Duverger, el totalitarismo es un fenómeno del siglo XX, pero el culto a la personalidad se originó desde que se formaron las primeras autocracias. Se trata de un hecho anacrónico que surge de vez en cuando en las sociedades contemporáneas. Estos dictadores, como los dioses del Olimpo y del Ansgar germano, tienen un ocaso y su agonía, palabra derivada de la voz griega 'agón', que significa lucha. Es la lucha por mantenerse en el poder para toda la vida, hasta que un daño irreparable o una grave enfermedad, por ejemplo, hace que el dictador se retire del gobierno, pero no necesariamente del poder.

Esta especie de dioses o, con mayor rigor, líderes endiosados y alienados del poder absoluto, niegan la libertad a los pueblos, no quieren que controlen la antorcha que lleva el fuego de la libertad y encadenan a los que se rebelan contra su santa voluntad, como sucedió con Prometeo, quien al final, desencadenado por Hércules, conquistó su libertad y la de los hombres.

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