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AREQUIPA. MILITAR TIENDE LA MANO A TURISTAS CHILENOS QUE ESTUVIERON EN PELIGRO DURANTE EL PARO

Un gesto de buena vecindad

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Cuando al comandante general de la Región Militar Sur del Ejército Peruano, general Francisco Contreras, se le comenta sobre su protagónica aparición en un artículo publicado por el diario chileno "El Mercurio", solo sonríe. En el texto es señalado como el artífice de la salvación de un grupo de jóvenes turistas de ese país que se vio en problemas la semana pasada durante el paro agrario que se acató en Arequipa.

Sin dejar de sonreír, se anima a hablar. "Creí que nadie se iba a enterar. Se trataba de un favor hecho a un amigo", refiere el general Contreras.

También narra la verdadera historia, no la de los comandos del desierto que rescataron a ocho estudiantes chilenos, sino aquella en que envió a un capitán de caballería y a su secretaria para poner a salvo a los jóvenes que se encontraban en medio de un bloqueo de carretera a la altura del kilómetro 912 de la Panamericana Sur, en el sector conocido como El Pedregal.

El general Contreras recuerda haber recibido la llamada del comandante de la Región Norte de Chile, general Eduardo Gárate Newman, pidiéndole que auxiliara a los estudiantes. Ambos militares se habían conocido el año pasado en Iquique.

"Antes de encontrarse en medio de las manifestaciones por el paro, los muchachos habían sido asaltados en Nasca. Un grupo de delincuentes había atracado el ómnibus en que viajaban hacia el sur y los dejaron sin nada", detalló Contreras.

Poner a salvo a los jóvenes no constituyó tarea sencilla. Según contaron los chilenos, tanto ellos como quienes los fueron a rescatar hasta El Pedregal, fueron blanco de los manifestantes que lanzaron piedras contra las camionetas en las que iban a pesar de la oscuridad de la noche.

Pasado el peligro, el general peruano decidió darles techo y comida en su propia casa. Luego se preocupó porque cada uno de ellos saliera sin ningún problema del país. Unos lo hicieron por aire, otros por tierra. Contreras pensó que era lo mínimo que podía hacer por un grupo de vecinos que lo único que quería era pasar buenos momentos conociendo el Perú.

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