Las FARC dicen que si no hay zona de despeje, no habrá más liberaciones. Liberados dicen que Ingrid Betancourt está muy enferma
CARACAS/BOGOTÁ [El Comercio/Agencias]. La angustia de cuatro ex congresistas colombianos que desde el 2001 fueron rehenes de la guerrilla de las FARC terminó ayer con una operación de rescate en plena selva, en el que participaron delegados del Gobierno de Venezuela y del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).
Vistiendo ropa deportiva, cansados tras una larga caminata, pero felices por el final de su tragedia, Gloria Polanco, Luis Eladio Pérez, Orlando Beltrán y Jorge Eduardo Gechem fueron entregados en algún punto del departamento de Guaviare y llevados a Venezuela.
La operación empezó temprano por la mañana, cuando dos helicópteros con emblemas del CICR partieron desde la localidad venezolana de Santo Domingo a la selvática ciudad colombiana de San José del Guaviare, donde se abastecieron de combustible y partieron poco después al encuentro de los cautivos.
La misión humanitaria estuvo encabezada por el ministro del Interior de Venezuela, Ramón Rodríguez Chacín, y la senadora colombiana Piedad Córdoba, quien se fundió en abrazos con los liberados cuando llegó a su encuentro.
"Estoy feliz, dichosa, radiante. No sabía si volvía con vida para ver a mis tres hijos", dijo entre lágrimas Polanco, quien durante el cautiverio se enteró del asesinato de su esposo en un atentado atribuido a las FARC.
Polanco era la más locuaz y emotiva en las imágenes transmitidas por la televisión. Gechem era el más sereno y a la vez el más demacrado.
Con voz débil agradeció al Gobierno Venezolano, y ahora espera someterse a un tratamiento médico urgente. En una carta que envió el mes pasado a su familia contó que había sufrido cinco preinfartos y que padecía una úlcera gástrica.
Beltrán y Pérez, al igual que sus compañeros, dieron las gracias por el rescate y dijeron que el conflicto que sufre su país es inhumano y que el secuestro es "una tortura en la selva".
Para los liberados vendrán ahora rigurosos exámenes médicos, pues al fin y al cabo las FARC dijeron al anunciar su entrega que estaban en delicado estado de salud, y seguramente largas conversaciones con sus familiares para recuperar el tiempo perdido.
En poder de las FARC siguen 40 rehenes que forman el grupo de los llamados canjeables. Se trata de cuatro políticos, entre ellos la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, tres estadounidenses y 33 militares y policías.
Al entregar a los ex congresistas, las FARC reiteraron su advertencia de que no habrá más liberaciones, si el Gobierno no ordena el despeje militar de una zona del suroeste del país para dialogar sobre el canje de esos rehenes por al menos 500 guerrilleros presos.
Pero el Gobierno se apresuró a responder que no cederá en ese punto e insistió en una iniciativa, ya rechazada por las FARC, para dialogar en una "zona de encuentro" en la que portavoces de ambas partes busquen una solución bajo la mirada de la comunidad internacional.
BETANCOURT, "MUY ENFERMA"
La ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, secuestrada por las FARC más de seis años, está "muy enferma" y en una situación difícil, dijo el ex congresista Luis Eladio Pérez, quien la vio por última vez hace 23 días por unos pocos minutos.
"Ingrid quedó muy mal, está física y moralmente agotada, tenemos que hacer una inmensa campaña para sacarla lo antes posible", explicó Pérez.
Pérez describió que la ex candidata tiene problemas físicos y era maltratada por sus captores, mientras permanece encadenada y en condiciones infrahumanas. Los ex cautivos afirmaron, además, que la política sufre de una reincidente hepatitis B.
El presidente Hugo Chávez pidió a 'Manuel Marulanda', jefe de las FARC que mejore las condiciones de Betancourt: "Lo primero que te voy a solicitar de corazón es que cambies el sitio donde está Ingrid, que la cambies a un comando más cercano a ti, mientras seguimos tramitando y abriendo el camino para su definitiva liberación. Creo que es urgente", afirmó Chávez.
Gloria Polanco, perseguida por la tragedia, vuelve a la libertad
La noche del 26 de julio del 2001 marcó un antes y un después para Gloria Polanco, entonces representante a la Cámara, que como pocas personas ha soportado tan de cerca el drama del conflicto armado en Colombia.
Polanco, que entonces tenía 41 años, fue secuestrada en su propio departamento por unos 50 miembros de la guerrilla de las FARC que se llevaron a 13 personas, entre ellos dos de sus hijos, durante una incursión en un edificio residencial de la ciudad de Neiva, capital de la provincia de Huila (suroeste).
Los rebeldes pretendían secuestrar también al entonces senador Jaime Lozada, el esposo de la representante, pero este no se encontraba en el lugar.
Poco tiempo después, los jefes de las FARC separaron a la política de sus hijos Juan Sebastián, entonces de 20 años, y Andrés Felipe, de 18.
La dirigente del oficialista Partido Conservador pasó a formar parte de un grupo de rehenes canjeables por terroristas presos, mientras que los jóvenes engrosaron la lista de secuestrados que deben pagar para obtener la libertad.
Los captores negociaron el precio de la liberación con el senador Lozada y los dos muchachos retornaron sanos y salvos a su hogar el 13 de julio de 2004.
Sin embargo, la tragedia para la familia Lozada Polanco estaba lejos de quedar atrás. El senador no pudo pagar a las FARC toda la cantidad de dinero acordada y el 3 de diciembre del 2005 fue asesinado en una emboscada.
"Para pagar me dieron un plazo de seis meses, aunque yo les había pedido dos años. Tuve que vender la finca y el ganado, además, conseguir unos préstamos bancarios y otros personales, pero las cuotas que les tengo que seguir pagando a las FARC son muy altas y no les he podido cumplir", dijo Lozada en setiembre de 2005, al denunciar que había comenzado a recibir amenazas de muerte.
El senador fue asesinado durante una gira política cuando se movilizaba en un vehículo. Uno de sus hijos resultó herido en el ataque.
Polanco se enteró de la muerte de su esposo durante el cautiverio y sus tres hijos se convirtieron entonces en símbolo de una tragedia que por sus características más parece de la ficción que de la vida real.
Juan Sebastián, el mayor de los hijos, dijo hace poco que la familia está preocupada por la salud de la ex congresista, que sufre de hipertensión, según una carta enviada desde la selva.