Por Miguel Ángel Cárdenas
Se entregaron completamente (pero no a la policía), pusieron las manos arriba (aunque no tenían armas) y cantaron de todo (sin delatar a nadie). A eso de las 8:30 de la noche del martes 26 de febrero, con la luna menguante, el calor creciente, la duda llena y los nervios nuevos, Augusto Flores Murillo cantó. A eso de las 9:30 ganó. Y a eso de las 10:30 volvió al penal Castro Castro. Su composición "Tu visita", una zamba argentina al estilo de Atahualpa Yupanqui, impresionó al jurado porque la interpretó con una mezcla de estilos contiguos: las modulaciones de Quilapayún, los quiebres de Illapu, la fuerza de Inti Illimani y las cadencias de Los Kjarkas.
Flores fue el recto ganador, el más profesional, el más completo, el más meticuloso, pero a eso de las 7:30 de la noche ocurrieron dos cosas que dieron que hablar y cantar en el penal de mujeres de Chorrillos, entre cuartetos de internas vestidas con pantalones negros y camisas blancas --las anfitrionas y cuidadoras del orden-- y sextetos de reas cubiertas de estricto blanco ceñido y transparente --las artistas--. Lo primero que pasó fue que no ganaron los favoritos: el trío Alturas, dos chilenos y un mexicano, quienes con guitarras y melodías tectónicas habían asaltado el corazón de las internas en los ensayos, a eso de las 4:30 de la tarde; en que tuvieron oportunidad de departir penas y deseos (en todos los sentidos de la palabra) de libertad. Los tres dejaron hasta un protoclub de fans. Al chileno Juan Carlos Serrano le gritaron: "Buena, Carlos Vives" y a su compatriota Simón Revolledo: "Habla, David Bisbal", después de que pasaron por la apoteósica peluquería de Santa Mónica, que merece salir en una película de Almodóvar.
Lo segundo: el ganador moral del público, que aclamó hasta el final su salsa dura: "Que mala suerte" --al estilo del "Calle luna, calle sol" de Lavoe y Colón-- fue José Julca Villalobos, el guarachero del penal Sarita Colonia. Todos pedían con el cuerpo cimbreando que repitiera su son, pero ese privilegio fue solo para el correcto primer lugar. El carismático trío --ganador del afecto de las mujeres-- y el popular 'Sombrita' --triunfador sentimental y segundo puesto del jurado-- habían salido del penal del Callao, soleados de esperanza, a eso de la 1:30 de la tarde.
CANTÁNDOLE A LA CALLE
Una camioneta cerrada con una jaula para humanos dentro --de tres por dos metros-- dejaba una única ventana al frente, como celosía de metal.
--Me duele, llevo dos años y medio sin que me pongan las esposas-- decía el chileno Juan Carlos Serrano, nervioso, mientras subía a esa especie de gran lata de atún semiabierta.
--Y yo llevo 25 meses sin ver a mi esposa-- bromea Jorge Lara, el mexicano que alguna vez perteneció al coro de niños de Bellas Artes en el DF, para tranquilizarlo.
--Son 23 meses con dos días que no veo la calle-- apretaba la nariz, agachándose para caber en el tembloroso asiento, el otro chileno del trío Alturas, Simón Revolledo.
--Para mí es la primera vez después de siete años-- interrumpe su silencio 'Sombrita' Julca, sin mirar la calle, mientras el trío se emociona al sentir que avanza el vehículo-- y no me subía a ningún auto, creo que me van a salir ampollas.
--Ja ja ja-- ríe el técnico Zuasnábar, encargado de cuidarlos dentro--. Tranquilos, muchachos, soy de la fuerza de élite del INPE, pero nos entrenamos también en el buen trato del ser humano y más de artistas como ustedes-- agrega ante los nervios generales.
--¡Ya vi!, hay gente con dos ojos afuera, siguen igual, no han cambiado-- retruca el mexicano.
--¡Asu madre!, ese puente no estaba antes, no lo puedo creer, ¿esto sigue siendo el Callao? Pero si las calles están limpiecitas, así no era-- 'Sombrita' ríe y llora y llora. Y ríe.
--Mira, un platillo volador. ¿O ahora las bicicletas tienen motor y vuelan?-- no pierde oportunidad Lara.
--¡La playa, la playa!-- grita Serrano, cuando el carro coge el circuito de la Costa Verde. Y todos se quedan atónitos arremolinándose frente a esa caritativa ventana. Los chilenos y el mexicano optan por ensayar su canción competidora con alegría fuera de límites y a voz en pie: Hoy quiero sembrar una semilla de esperanza, para poder cosechar trigos de libertad, cantar y cantar melodías desde el alma, para poder volar un ave en libertad... Cantar y cantar, todos llenos de alegría con todo el corazón, con el alma en libertad.
--No lo puedo creer, soy tan feliz-- grita Revolledo-- mira, cómo se divierte la gente en el mar.
--Iban los uniformados y sus armas las empuñaron: haciendo fuego cruzado... La banda se defendió muriendo uno a uno, el último que quedó de la banda gritó: Qué mala suerte, caramba, qué mala suerte, en el camino encontró la mala muerte. La vida no vale nada, soy joven en la enramada, mi causa cambia de rumbo que la cana ya no paga... una señora pasaba y vio a su hijo que agonizaba, sus lágrimas y sollozos su corazón arrancaba-- susurra 'Julquita' su salsa ablandada, que cuenta su propia historia cuando pertenecía a una banda de asaltantes, de lo que hoy se arrepiente.
Se abre la puerta y sale Julca escondiendo sus esposas.
--Hemos llegado protegidos como artistas, para que no nos roben el tema-- bromea a modo de 'soneo'.
A PUNTO DE SALIR
A eso de las 3:30, la peluquería de Santa Mónica era un oasis con licras, faldas y a lo loco; con la digna profesionalidad de un 'spa' moderno. Javier Casal, el preso del pabellón 15 del penal de Lurigancho, autor de la balada "Libertad", era el único que se negaba a que le cortaran el cabello. El resto se dejaba hacer de todo, embobados y alucinados, mirando las curvas de Laili, los meandros de Medaltih y los intersticios de Nieves Rocha. Mientras le masajeaban el cuero cabelludo y se lo lavaban con champú acondicionador, Luis Llarasca, colega de Lurigancho, tarareaba su balada-reggaetón "Espérame" y a ratos intercalaba piropos: "Estoy en el paraíso, estoy soñando". A su lado estaba Carlos Tapia, arpista y autor del huaino "Canto grande", quien se mandó a hacer un chaleco fosforescente con su nombre. Él estuvo preso 16 años por terrorismo y acababa de salir libre. Quizá por esto no se dejaba llevar por la fascinación erótica de sus contenidos competidores.
Atendida como reina de Saba, estuvo Ernestina Hinostroza, la compositora de la balada "Cree en ti, cree en mí", del penal de Chorrillos. Es una triunfadora clásica: su obra de teatro ganó el torneo de puestas en escena del año pasado y sus pinturas también. "Esta vez compito con mi canción que dice: 'ser hiel o miel es solo un instante en el vuelo del colibrí'". Quien interpreta la canción es Nelly Olaya, declarada inocente del cargo de tráfico de drogas en enero, pese a que estuvo presa 24 meses. Ella se vino de Piura y después de su manicure y pedicure salió al escenario: "En la canción se habla de la flor de loto que es hermosa y crece en el lodo y de la flor de ichu que crece siempre, haya sol o nieve, los presos inocentes somos así".
Los otros nueve hombres también salen. "Después de pasar por esta peluquería le cantaría hasta al diablo sin miedo", dijo, arrobado, como en coro de rumba, a eso de las 6:30, 'Sombrita' Julca antes de salir. Y cantó 'divino', como si hubiera visto el mar por primera vez.
VEA EL VIDEO
Las canciones, bailes y declaraciones de los cantautores presos en:
4www.elcomercio.com.pe