El pasado 30 de enero, la explosión y el hundimiento del BAP Supe, frente a las costas del departamento de Tumbes, causaron el derrame de una cantidad aún no precisada de petróleo.
Si bien el incendio que se produjo tras la explosión hizo que una buena cantidad del petróleo se consumiera, lo cierto es que se formó una línea de combustible que por efecto de las corrientes se desplazó hacia el sur, llegando incluso hasta la playa de Colán, en Piura.
Según un estudio de la organización no gubernamental Orca, la caleta de Colán resultó ser el primer punto del área de estudio donde la mancha de petróleo tocó tierra; es decir, a 150 kilómetros al sur de donde se produjo el derrame de petróleo. La playa de Lobitos, a 110 kilómetros al sur, se convirtió en el segundo punto donde también se encontró restos del hidrocarburo.
Asimismo, los investigadores han analizado el tejido adiposo de una tortuga y de otras especies, y se ha encontrado acumulación de elementos petroquímicos, lo que comprueba que el derrame sí ha causado daños en la biomasa.
Para Carlos Yaipén Llanos, de la organización Orca, el mayor impacto del derrame se ha producido en el ámbito socioeconómico, pues los pescadores han visto afectadas sus actividades debido a la presencia de la mancha de petróleo. Muchos de ellos, especialmente los que realizan pesca de subsistencia, han comenzado a migrar al sur para buscar su sustento.
Frente a este panorama, Yaipén pidió que se continúe con el seguimiento de la mancha de petróleo, tanto en el mar como en tierra.
Al cierre de esta edición, llegó a nuestra redacción la denuncia de pescadores del norte de que una mancha de petróleo había aparecido en la costa, entre Cancas y Punta Sal.
Además señalaron que las especies han desaparecido y que a diario encuentran una serie de especies marinas varadas.