DEL EDITOR
Por Virginia Rosas
Más de lo mismo. La sucesión de Raúl Castro a la presidencia de Cuba, en reemplazo de su hermano Fidel (a quien ya reemplazaba interinamente desde julio del 2006), provocó una gran decepción entre aquellos que presagiaban que la dupla compuesta por Carlos Lage --médico de 56 años y hasta la semana pasada vicepresidente (cargo similar al de primer ministro)-- y el canciller Felipe Pérez Roque podría conducir a Cuba por senderos de libertad y democracia.
Tras la renuncia de Fidel a prácticamente todos los cargos que ostentaba desde hace 49 años y ante las elecciones del Consejo de Estado que se avecinaban, los ojos de muchos se tornaron hacia Lage, la figura más relevante después de los hermanos Castro.
Lage no solo tuvo un papel protagónico en la Revolución Energética, desde el 2004, sino que ha representado a Fidel en los últimos años en diversos foros internacionales. Y desde los años 90 figura en todas las listas para suceder al líder máximo.
El domingo pasado, sin embargo, triunfaron los dinosaurios. Lage no solo perdió ante Raúl, sino que, además, fue descendido en la jerarquía. Un viejo general de 77 años, José Ramos Machado, fue elegido primer vicepresidente. Lage pasó a la lista de simples vicepresidentes.
Otro 'dinosaurio', Julio Casas Regueiro, de 72 años, fue nombrado ministro de las Fuerzas Armadas y encargado de su economía. En pocas palabras, triunfaron los militares, una casta reacia al cambio que tiene negocios en un sector trascendental para la isla: el turismo.
Y aunque Raúl Castro haya anunciado cambios importantes en Cuba, es de suponer que estos se harán de manera lenta y progresiva, para permitir que los viejos revolucionarios puedan continuar enriqueciéndose a costa de una población desesperada que recibe como respuesta a la insoportable carestía cotidiana y la falta de libertades individuales el magro consuelo de una educación y un sistema de salud gratuitos, cada vez más deficientes.
Sin embargo, algunos como Brian Latell, autor del libro "Después de Fidel", no son tan pesimistas y predicen que Raúl hará cambios que Fidel ni habría soñado.
En ese mismo sentido apunta Oswaldo Paya, uno de los líderes de la oposición cubana. El demócrata cristiano piensa que ha llegado el momento de relanzar el Proyecto Varela que, gracias a su iniciativa, logró recolectar en el 2002 más de 25 mil firmas para realizar un referéndum sobre las reformas necesarias en la isla.
Este proyecto fue ampliamente apoyado por el ex presidente estadounidense y Premio Nobel de la Paz Jimmy Carter, quien en ese año viajó personalmente a La Habana para poner en manos de Fidel el documento que utiliza como referencia un artículo de la propia Constitución cubana.
Lo cierto es que Cuba, con Fidel o sin él, ya no da más y sus dirigentes tendrán que hilar muy fino entre diversos gobiernos y dirigentes del más alto nivel, incluyendo a la Iglesia Católica, para salir del marasmo en que se encuentra y pasar a convertirse en un país moderno.
Existe, es cierto, el temor de que en la isla suceda lo mismo que en la Unión Soviética que, tras la caída del régimen soviético, se descalabró política y anímicamente. Para los cubanos los ejemplos por seguir serían los de China y Vietnam, que conservan un régimen de partido único y pisoteo de los derechos humanos --que no molestan a Estados Unidos-- pero han abierto completamente sus economías a las exigencias del mercado.
Un gesto de mejora de su imagen internacional es que La Habana haya firmado, el jueves, dos acuerdos internacionales sobre DD.HH en la ONU. Se trata del pacto internacional de derechos económicos, sociales y culturales y el pacto internacional de derechos civiles y políticos.
Y como Hugo Chávez, el principal aliado de Castro, es internacionalmente impresentable, Raúl estaría buscando ayuda y consejo en Lula. El presidente brasileño tiene la presencia, el carisma y el respeto internacional necesarios para servir de interlocutor a nivel mundial y buscarle nuevos aliados a Cuba sin tener que apelar directamente a EE.UU.
Y aunque Fidel, tratando de lavarse la cara antes de partir definitivamente, haya dicho que no habrá ningún giro radical en el régimen, es evidente que asistimos a los últimos coletazos de los dinosaurios caribeños.