El ex ministro de Vivienda extraña su pasado y se acostumbra con flojo entusiasmo a su rol de congresista. Pasamos el último miércoles al lado de 'Techito'. Este es el resultado
Por Renato Cisneros
Carlos Bruce devora una tostada integral en la oficina de su departamento. También toma un jugo. En la mesa hay una ruma de los periódicos que acaba de revisar, y en el monitor de plasma se ve un primer plano de Alberto Andrade (su ex socio en Somos Perú) dando una declaración.
El departamento de Bruce --ubicado frente a un inmenso parque en Monterrico-- es un museo en miniatura de su trayectoria política. En la pared y en los estantes hay fotos de los gabinetes que integró e instantáneas de la Marcha de los Cuatro Suyos. Incluso la máscara antigás que usó durante esa histórica protesta descansa en una pequeña urna, a la manera de un trofeo. También hay otros adornos curiosos: el casco blanco que fue parte de su indumentaria mientras dirigió el Ministerio de Vivienda y una sonriente réplica de 'Techito', ese muñeco de felpa que es casi un souvenir de su pasado.
Son las 9:20 de la mañana y, tras bajar en ascensor los cinco pisos del edificio, abordamos la camioneta 4x4 del congresista. Vamos rumbo al Congreso, donde le espera una larga sesión de la Comisión Permanente, que esta mañana de miércoles tendrá como invitado al jefe del portafolio del Interior, Luis Alva Castro.
Es obvio que para Bruce el Congreso es un padecimiento antes que una vocación. No lo dice, pero se nota. Aunque ser parlamentario le permite tener más horas libres que antes, él extraña su actividad ministerial.
"Me siento mucho más cómodo en el Ejecutivo. El Congreso tiene un rol importantísimo, pero para mí es muy frustrante, porque requieres de la aprobación de 120 personas, todas con el mismo derecho de votar y opinar. Y no es fácil conseguir consensos", dice, tratando de disimular con relajo su fastidio.
Lo que en realidad le inquieta --agregaría después-- es no poder ver el resultado concreto de su trabajo. En el ministerio él podía entregarle a una pareja de esposos las llaves de su nueva vivienda y compartir con ellos el sueño de la casa propia. Ahora, su contacto con el público se ha enfriado. "En el Congreso tienen que pasar 20 años para que la ley que uno promueve sea valorada".
La camioneta (aire acondicionado al máximo, RPP en la radio, un agente de seguridad en la parte posterior) ha volado por toda la Vía de Evitamiento y en menos de 20 minutos llega en el Palacio Legislativo. Dos agentes del Congreso abren las puertas. La conversación se interrumpe.
AMIGOS Y RIVALES
Cuando Bruce habla de Alejandro Toledo lo hace con una inconsciente reverencia. Le tiene mucho cariño o, como él dice, mucha lealtad. Por más preguntas incómodas que le hago (sobre el caso Zaraí o sobre la vida veleidosa del ex presidente), Bruce se toma su tiempo para elegir cuidadosamente sustantivos y adjetivos que no vayan a dejar mal parado a su líder y amigo.
Bruce cuenta que, tras la Marcha de los Cuatro Suyos, cuando el gobierno de Fujimori ordenó que se capturase a los organizadores, él, Toledo y Álvaro Vargas Llosa se escondieron en un Apart Hotel por 4 días. "Cuando descubrimos que ese hotel se usaba por horas, pensamos que el vigilante iba a pensar muy mal de nosotros tres", dice Bruce, gastándose una broma.
Le consulto por sus enemigos políticos, pero él niega tenerlos. O, mejor dicho, solo reconoce a uno. "Mi único enemigo creo que es 'llanta baja'", se ríe el congresista, refiriéndose disimuladamente al ahora esbelto ministro Hernán Garrido Lecca, con quien mantiene una riña mediática desde hace varios meses.
Le pregunto si Fernando Olivera no califica como rival, y me dice que no. A pesar de que Olivera le hizo un feísimo desplante en la Cancillería el 2005, y a pesar de que su designación como Canciller aquel año provocara que Bruce se alejara del gabinete de Carlos Ferrero, el congresista no guarda resentimientos.
"Hace unos pocos meses, en un encuentro privado, me ofreció disculpas. Me dijo que lamentaba lo que pasó, que no debió haber ocurrido", cuenta, ahorrándose los detalles.
Existe un rumor sobre Bruce. Se dice que antes de que fuese reclutado por Alejandro Toledo para integrar las filas del movimiento que luego sería Perú Posible, su patrimonio económico personal había colapsado y él estaba, como se dice, en la quiebra total. Cuando se lo mencioné, lo negó de inmediato.
"Ese rumor lo esparcen mis enemigos. Antes de entrar a la política era presidente de ÁDEX y presidente de Copeinca, una de las empresas pesqueras más grandes del Perú. Era un empresario en actividad. Es cierto que en el 97 tuve un negocio de pescado congelado al que no le fue bien y lo liquidamos, pero nada más. Millonario no soy, nunca lo he sido, ni pretendo serlo".
COCINANDO EL FUTURO
A su salida del Congreso, ya de nuevo sobre el carro, Bruce le anuncia al chofer que se dirija a Barranco. El destino es 'Chala', su exitoso restaurante ubicado bajo el Puente de los Suspiros.
En el camino hablamos sobre su popularidad. Él dice que su reconocido paso por Vivienda lo mediatizó muchísimo, pero que recién reparó en la magnitud del aprecio popular en la elección al Congreso del 2006. Con 193 mil votos (incluyendo el suyo), Bruce alcanzó la segunda votación más alta a nivel nacional.
"Cuando vi los resultados y noté la diferencia tan grande entre mi votación y la del resto de candidatos de Perú Posible, entendí la concentración que había alrededor de mí".
Dice que no es picón, aunque admite que a veces se apasiona. También dice que el poder puede cambiar a la gente, pero recalca que no es su caso. Bruce sabe que su alter ego ('Techito') tiene un alto índice de carisma y lo subraya sin miramientos.
"Cuando camino de mi oficina al Congreso, pasan los taxistas, me gritan ¡'Techito'! y me saludan. He tenido la suerte de hacer las cosas bien, y he tenido asesores que me han sabido alertar de gestos que han podido parecer prepotentes".
Llegamos a 'Chala' y Bruce canjea el traje de congresista por el de anfitrión. Me cuenta que el negocio va viento en popa y que está tramitando la franquicia para abrir locales fuera del país. Le comento que hay una broma pesada que circula en la ciudad y que asegura que si él alienta y promueve la apertura de entidades comerciales en el Cusco es porque sueña con inaugurar un 'Chala' en Ollantaytambo. Bruce se carcajea y despeja la duda: "En el Perú no saldremos de Lima".
Su restaurante ha tenido varios comensales ilustres: Joaquín Sabina, José José, Juan Diego Flórez, Luis Bedoya Reyes, Hernando De Soto y, por supuesto, Alejandro Toledo. Bruce asegura que el rumor de que el ex presidente no paga las cuentas es solo un malicioso mito urbano.
Esta tarde se ha encontrado por casualidad con el ex ministro de Comercio, Alfredo Ferrero, quien está reunido con un grupo de amigos. Bruce saluda a todos y les advierte que Ferrero no acostumbra cancelar. Todos se ríen, incluso Ferrero.
Antes de partir al gimnasio, Bruce me habla de sus hijos Paul y Álex, de sus perros y de sus proyectos. Dice que no quiere llegar a viejo y seguir en la política. Dice que se satura rápido de ella y por eso no ve noticieros en la noche.
Es claro que 'Techito' añora el pasado. No es casual que en la cocina de 'Chala' se le vea más contento y más ubicado que en su aburrida curul del Congreso.