Por Erik Struyf Palacios. Enviado especial
MOSCÚ. Tras ocho años en el Kremlin, Vladimir Putin se apresta a dejarle la presidencia a su delfín Dimitri Medvedev, quien, según todas las encuestas, será elegido hoy por una amplia mayoría de rusos como nuevo mandatario. Putin dejará la presidencia, pero no así el poder, consideran los analistas.
Impedido de postular a un tercer mandato por disposición de la Constitución rusa, el hábil y enigmático ex coronel de la KGB continuará al frente de su país como primer ministro de su pupilo Medvedev.
Esta movida maestra en el ajedrez político ruso no descorazona a la mayoría de la población. Al contrario. Se calcula que los rusos saldrán en masa a respaldar a Medvedev, convencidos de que este garantizará una prórroga más de la era Putin y muy poco preocupados por "el retroceso de la democracia" que los observadores advierten desde Occidente.
Porque para el pueblo de Rusia, Putin equivale a prosperidad y orden, mientras que la democracia la asocian con el caos, la inestabilidad y el descalabro económico que reinaron entre la caída de la URSS y la llegada de su 'salvador'.
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Un nuevo aliento para la era Putin.