SUCEDERÁ A VLADIMIR PUTIN
Por Erik Struyf Palacios. Enviado especial
MOSCÚ. Una menuda pero incesante lluvia y un triste cielo gris fueron el telón de fondo de las elecciones presidenciales celebradas ayer en Rusia. Parecía un día cualquiera este domingo que coronaba una campaña insípida sin oposición, sin debates y apenas propaganda y manifestaciones públicas. Dimitri Medvedev, el candidato oficialista con la victoria en el bolsillo desde diciembre (cuando fue designado por su mentor Vladimir Putin), se levantó de buen humor y fue a votar temprano en la mañana: "Es un buen signo, la primavera ha llegado", leyó el joven jurista en el cielo moscovita. Unas horas más tarde, una vez difundido el conteo parcial de los votos, Medvedev pudo jactarse de su buena estrella: la asistencia a las urnas fue masiva y más de dos tercios de los votantes lo eligieron para suceder al presidente Putin.
Elena sale satisfecha del colegio electoral: "Misión cumplida", resopla esta moscovita de 40 años que ha acudido a votar acompañada por su hija: "Salgo de haber votado", dice orgullosa en un país donde el sufragio es voluntario y donde el fantasma de la abstención suele asustar a los políticos. "He votado por Medvedev, por supuesto, porque él seguirá la línea trazada por Putin, que tanto bien le ha hecho al país", nos dice. "Los salarios están subiendo, podemos comprar cosas que antes ni soñábamos", agrega una mujer mayor que tiene bien frescos en la memoria el caos y la pobreza de los años 90.
El crecimiento económico, la estabilidad, el papel de Rusia en el exterior son los "regalos" que Vladimir Putin le ha dejado a la nación y que la mayoría de los rusos quieren conservar a todo precio. "No necesitamos democracia, queremos orden y firmeza", lanza la segunda mujer antes de cruzar una pista sembrada de aguanieve resbalosa.
La calma generalizada apenas fue interrumpida unos minutos cuando el ex campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov, hoy uno de los más feroces oponentes de Putin y los suyos, fue detenido por la policía cuando intentaba entrar en la Plaza Roja, con una pancarta que decía "Yo no participaré de esta farsa". Antes de ser arrestado, el líder opositor convocó a una marcha bajo el lema "Abajo la monarquía y la sucesión", que tendrá lugar simultáneamente en Moscú y en San Petersburgo.
Casi a medianoche, el Consejo Electoral de Rusia confirmó lo que todos se esperaban: contabilizados el 70% de los votos, Dimitri Medvedev acumulaba el 69,2% de las preferencias, seguido por el candidato comunista Guennadi Ziouganov con el 18,2%.
Los otros dos candidatos, el ultranacionalista Vladimir Jirinovski y el líder del Partido Democrático proeuropeo Andrei Bogdanov obtuvieron respectivamente el 9,9% y el 1,2% de los votos. Según una empresa de sondeos que realizó una encuesta a boca de urna las tendencias se confirmarían las primeras horas de hoy una vez terminado el conteo.
El ente también confirmó que de los casi 109 millones de rusos habilitados para votar, acudió a las urnas aproximadamente el 67%.
A FESTEJAR SE HA DICHO
Confirmada la victoria los seguidores de Rusia Unida, el partido oficialista, y la Juventud Putinista invadieron un costado de la Plaza Roja, donde desde temprano por la mañana se venía levantando un escenario para acoger a los ganadores. "Juntos podremos continuar el camino iniciado por le presidente Putin. Juntos iremos más lejos. Juntos ganaremos", lanzó a la multitud el recién elegido Medvedev, quien al asumir su cargo se convertirá en el tercer presidente de la Federación Rusa.
"Felicito a Dimitri Medvedev y le deseo éxito", dijo Putin junto a su sucesor antes de que se iniciara un concierto de rock que ambos líderes presenciaron. En su corta intervención, el presidente saliente aseguró que los comicios se desarrollaron "conforme a la Constitución", restando importancia a las denuncias de opositores como Kasparov, Ziouganov y algunas organizaciones independientes sobre un probable fraude.
Terminado el concierto y antes de que los jóvenes rusos pasaran de la embriaguez del triunfo a la del alcohol, preguntamos a algunos de ellos sobre el valor de estas elecciones: "Por supuesto que hemos tenido la opción de elegir", responde un corrillo. "Hemos ido a votar por nuestro candidato, por las personas en quienes creemos", asegura un muchacho que brinda con una gigantesca lata de cerveza en la mano. "Podíamos habernos quedado en casa o haber votado por uno de los rivales de Medvedev", agrega una jovencita cuyas piernas en pantys desafían la temperatura bajo cero y el viento helado que arrecia en la capital rusa.
Si en toda Moscú es casi imposible toparse con voces disidentes, menos probable aún será encontrarlas en el lugar de las celebraciones. La plaza está ganada: Putin y Medvedev han convencido a la mayoría de los rusos. No son amenazas de temer las protestas de la oposición ni las denuncias de algunos observadores internacionales (solo El Consejo de Europa envío una delegación). La solidez del Kremlin, por ahora, solo podría resquebrajarse desde adentro.
El reparto del poder rusoPero no hay que olvidar que el sistema político ruso es presidencial. Que una vez sentado en el Kremlin, Medvedev será el comandante en jefe de las fuerzas armadas, que tendrá la facultad de nombrar o cesar al primer ministro y que en principio será él quien represente a Rusia en las cumbres internacionales. Aunque al inicio se vislumbra que Putin mantendrá en sus manos la política exterior y de seguridad, dejando para su delfín los molestos expedientes sociales y económicos, nada garantiza que ese reparto del poder se mantenga.
En el Carnegie están convencidos de que la situación económica de Rusia podría ser el factor que defina el baile entre Putin y Medvedev. El país no podrá mantener la bonanza que vive en la actualidad sustentándose solo en las divisas de los carburantes. En inesperado mea culpa, el mismo Putin lo ha reconocido subraya Shevtsova. Su colega Andrei Ryabov se pregunta ¿cómo manejaran la economía los putinistas cuando no cuenten con los medios ilimitados de los que gozaron en los últimos años? "Es bastante probable que los empresarios ejerzan gran presión para que la economía rusa se liberalice so pena de estancarse" y es en ese contexto que Medvedev podría salir de la sombra de Putin, vaticina el experto.