Por: Andrés Oppenheimer. Periodista |
Las declaraciones de Barack Obama y Hillary Clinton acerca de que abandonarían el acuerdo de libre comercio con México son probablemente tan solo teatro político, pero muchos latinoamericanos las ven como una irresponsabilidad que podría dañar seriamente la relaciones de EE.UU. con la región.
Las palabras cuentan. Aunque la escalada de críticas de Clinton y Obama al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta) sean tan solo retórica destinada a ganar votos de los sindicatos obreros en la elección primaria del martes en Ohio, uno de los estados más proteccionistas del país, el discurso anti-Nafta de los candidatos contribuye a crear una atmósfera de opinión pública que puede perjudicar los acuerdos de libre comercio e inversiones pendientes de EE.UU. en toda Latinoamérica.
"Es un discurso inmensamente dañino para la posición de EE.UU. en Latinoamérica", me dijo el vicepresidente de Colombia, Francisco Santos, cuyo país está luchando por lograr que el Congreso estadounidense apruebe un TLC firmado entre Washington y Colombia.
"Muchas compañías se establecen en América Latina para poder exportar sus productos con tarifas aduaneras preferenciales al mercado estadounidense. La idea de que EE.UU. podría retirarse de los acuerdos comerciales ya firmados genera dudas entre los inversionistas, y desalienta la inversión", dijo Santos.
El canciller de Panamá, Samuel Lewis, cuyo país también está esperando que el Congreso estadounidense ratifique un acuerdo bilateral de libre comercio, me dijo que la retórica anti-Nafta está causando sorpresa y preocupación en Panamá, sobre todo por el temor de que se pueda traducir en una consideración real de revisión del acuerdo con México.
La mayoría de los economistas coinciden en que el Nafta ha sido positivo para México, Canadá y EE.UU. El comercio entre los tres países ha crecido más de 200% desde que entró en vigencia el tratado. El Nafta ha permitido que México aumente sus exportaciones a EE.UU. en un 400%, y que haya recibido US$120 mil millones en inversiones estadounidenses en el transcurso de los últimos catorce años, un promedio anual cinco veces mayor al que recibía antes del tratado.
De no ser por el Nafta, la economía de México estaría creciendo más lentamente, o no crecería, y la amenaza de la explosión social se convertiría en una pesadilla para EE.UU.
Y las afirmaciones de Clinton y Obama en el sentido de que el libre comercio con México ha causado grandes pérdidas de empleos en EE.UU. son engañosas, señalan la mayoría de los economistas.
* En primer lugar, el déficit comercial de EE.UU. con México es relativamente pequeño: mientras EE.UU. tiene un déficit comercial de US$256 mil millones con China, en el caso de México es de solo US$74 mil millones.
* Segundo, México es el segundo mercado más importante del mundo para las exportaciones estadounidenses y una fuente importante de empleos en las industrias de exportación de EE.UU. Mientras EE.UU. exporta a México US$134 mil millones anuales, sus exportaciones a China son de solo US$55 mil millones.
* Tercero, una renegociación del Nafta abriría una caja de Pandora, ya que México exigiría renegociar las cláusulas sobre sus propios productos afectados por el Nafta, y los políticos mexicanos exigirían concesiones estadounidenses en materia de inmigración.
* Cuarto, una disrupción del libre comercio con México encarecería los productos mexicanos en el mercado estadounidense, perjudicando a los consumidores y a las industrias de exportación. EE.UU. perdería competitividad en el mundo y contribuiría a crear un clima antiglobalización que terminaría perjudicando sus propios intereses económicos.
"Hay que tener cuidado con lo que uno desea", me dijo Arturo Sarukhan, el embajador mexicano en Washington.
Mi opinión: en lo que hace a América Latina, las declaraciones de Clinton y Obama sobre el libre comercio son tan irresponsables como las declaraciones de casi todos los aspirantes presidenciales republicanos sobre la inmigración.
Es una pena. Las elecciones primarias pronto pasarán al olvido, pero las imprudentes declaraciones de los candidatos de ambos partidos dejarán su marca en la opinión pública estadounidense. Y eso terminará perjudicando tanto a EE.UU. como a México y al resto de Latinoamérica.