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Contracorriente

La melodía de los niños

ESFUERZOS. El lunes pasado la campaña Melodías para mi Hogar del Inabif recibió el apoyo de la Embajada de Estados Unidos. Hasta ahora ha recaudado 100 instrumentos musicales. Solo faltan profesores para poder curar las heridas de los niños de los albergues.

Por Gonzalo Galarza Cerf

E tiene 8 años y una sonrisa que desarmaría a cualquier padre abusivo. Su boca luce más grande por el colorete rosado chicle sobre sus labios. Unos metros más allá, su amiga B es peinada por la tutora del dormitorio donde ahora han ensayado para la función. E dice su nombre completo, pero por su seguridad y la de los niños del hogar San Antonio seguirá siendo E y su amiga B. De los 170 infantes del albergue, la mayoría llegó hasta acá tras haber sido maltratada por sus padres. Como I, quien tiene la mano quemada, pero bailando parece olvidarse de las heridas internas. Otros llevan su corta vida bajo estas paredes y solo están esperando la resolución de abandono para conseguir una nueva familia. E pertenece a ese grupo de pequeños en el que el aprendizaje se da lentamente. Confiesa que está nerviosa, pero contenta, porque bailará y le gusta mucho hacerlo.

--¿Se han peinado ya? --pregunta la tutora.

E ya está lista y en unos minutos subirá al escenario y danzará junto a B y otros niños el "Píopío". Lo hará frente a la ministra de la Mujer, Susana Pinilla, el agregado cultural de la Embajada de Estados Unidos, Steven Ramírez, y la artista norteamericana Lynn McGrath, quien acaba de llegar de Nueva York. Nadie sospecha que las distintas autoridades en terno y sastre terminarán zapateando al ritmo del huaylarsh. Ni mucho menos que, emocionadas, pedirán otra canción. Sobre todo si se piensa que en el auditorio no hay cámaras de televisión. Es el poder de la música y la magia de los niños. Ahora E aguarda su turno mientras sus compañeros enfilan rumbo al auditorio para cantar "Quiero tener un millón de amigos", de Roberto Carlos.

LA FUNCIÓN
Con un español claro y rasgando las cuerdas de su guitarra, Lynn McGrath invita a la imaginación de los niños contando la historia de "Platero y yo". Es una pieza del compositor Mario Castelnuovo-Tedesco, basada en la obra homónima del premio Nobel de Literatura Juan Ramón Jiménez. Es su primera vez en el Perú y McGrath, directora de Giras de la Fundación Estadounidense para la Guitarra, parece haber cautivado al público. Son infantes de distintos albergues que han llegado con la ilusión de interpretar un tema, pese a no estar dentro del programa. Entre ellos los chicos del Hogar San Miguel Arcángel lucen concentrados. La artista está feliz junto al grupo. Pese a su cansancio, McGrath seguirá sonriendo hasta el final. Escuchará a los niños y quedará maravillada con el sonido del cajón peruano: "Es increíble, me encanta", dirá.

La música de "Quiero tener un millón de amigos" empieza a sonar y los chicos entonan alto, dirigidos por la coordinadora de educación Micaela Albornoz. De pronto, el sonido empieza a saturar y McGrath acerca la mano a su oreja, en un gesto de desaprobación. Y el número parece venirse abajo, pese a las ganas y al esfuerzo. Entonces el técnico decide bajar los niveles de audio y ahora priman las voces. McGrath asiente con la cabeza, como si fuera parte de un jurado calificador. Las manos de los pequeños arriba, bamboleándose de un lado a otro, y el canto directo a los corazones: "Yo quiero tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar". Salen airosos.

Ahora E está por subir al escenario. Su pareja B le dice a la coordinadora Micaela que J haga el salto con los puños. Pero ya es tarde: el huaylarsh del "Pío pío" está sonando y E, B, J y otros niños más han iniciado el baile. E parece saber a la perfección sus pasos. En un momento, está al centro y su pareja se tira al suelo mientras ella zapatea a su alrededor, siempre sonriendo. En lo que dura el baile, no da señales de tener problemas de aprendizaje. La música la ha ayudado a mejorar emocionalmente y a desenvolverse frente al público. Luego, todos bajan y sacan a las autoridades a danzar. El número se cierra con los sombreros de paño negro lanzados al aire, entre aplausos generalizados. E sigue sonriendo, como al inicio, antes de salir a la función.

EL ACTO FINAL
La ministra Susana Pinilla es Susana Cara de Manzana. Es el nombre que usa en todos los hogares a los que visita y aquí se presenta igual. Susana Cara de Manzana cuenta que cuando era bebita la arrullaban con marineras, valses y resbalosas. Dice que la música la ha ayudado muchísimo en su vida profesional. "La música y el arte permiten sacar esos resentimientos escondidos, a trabajarlos, a superarlos, y a ser personas integrales", señala. De los 2.309 niños que albergan los hogares del Inabif en todo el país, el 20% ha ingresado por haber sufrido maltratos físicos. Y un 10%, por violación sexual. Otro 22% tiene habilidades especiales. La música es vital en sus casos.

Susana Cara de Manzana le ha consultado a Lynn McGrath si no tiene problema en quedarse diez minutos más. Otros infantes del público también quieren cantar. La ministra coge la guitarra y se anima a lucir la voz. En un segundo los chicos del hogar San Miguel Arcángel han encontrado a la vocalista de su grupo, donde prima el cajón peruano y la zampoña. "Poco a poco me has querido/ poco a poco me has amado", canta Pinilla y las tutoras del albergue y los niños aplauden. Otros solo la miran como J, quien dice que lo hace muy bien.

Los festejos tienen un motivo: la Embajada de Estados Unidos ha donado 4 guitarras y así ya suman 100 instrumentos musicales recaudados a lo largo de la campaña Melodías para mi Hogar. Ahora quieren buscar profesores voluntarios para sanar las heridas de los pequeños. Aún no lo saben, pero la música será un motor fundamental para su educación. Las tutoras del hogar San Antonio hablan de mejorías gracias a los bailes y cantos. McGrath sabe eso. Ella ha sido profesora de música en escuelas de Los Ángeles y a su regreso tiene 10 conciertos programados en colegios de Texas.

La función va llegando a su final. La canción ha concluido y la ministra anuncia emocionada que a las mejores bandas de los albergues los llevarán a Canal 7. Y que en julio habrá un concurso de grupos entre albergues. Para algunos niños, la noticia parece el inicio de una vida ligada al arte. En cambio, para ocho infantes del hogar San Antonio, es como si fuera una despedida adelantada. En menos de una semana ellos tendrán una nueva familia gracias al programa Acogimiento Familiar Temporal. Como J y su hermano S, quienes serán criados por una pareja de evangélicos durante dos años. En ese tiempo, el Inabif capacitará a sus padres para mejorar el entorno familiar. Ellos dicen que extrañan a papá y mamá y la arena de Ventanilla. Lo que no extrañarán es el baile, pues aseguran que seguirán danzando y cantando. La melodía será su motor en la vida.

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