Cien efectivos que llegaron desde Cajamarca a Celendín al mando del comandante PNP Basilio Meza Mota lograron recuperar ayer la comisaría de esa localidad, que había sido tomada la víspera por una turba que destruyó el local, así como algunas unidades policiales que se encontraban en el lugar.
Tras lograr su primer objetivo, los efectivos salieron en busca de los cabecillas del ataque y lograron capturar a uno de ellos. La identidad del detenido se guarda en reserva. Asimismo, se han recuperado cuatro revólveres y algunos fusiles AKM que fueron robados del local policial. Según un primer inventario, faltarían algunas granadas y un fusil.
El gobernador de Celendín, Eloy Rodríguez, dijo que quienes ocasionaron la trifulca fueron delincuentes que llegaron a la zona y que aprovecharon el estado de ánimo de la población para causar los desmanes.
Según informó la policía, en la comisaría brindaban servicio 17 efectivos, quienes decidieron huir y no usar sus armas de fuego para evitar desgracias mayores.
Ante las denuncias de los pobladores acerca de supuestos abusos de autoridad por parte de los uniformados, las autoridades indicaron que evaluarán la situación.
Por la tarde se conoció que la Municipalidad de Celendín apoyará la reconstrucción de la comisaría.
DEL CONSULTOR
GABRIEL PRADO. Especialista en seguridad
Un mal precedente
Se puede discrepar de la actuación policial, se puede y se debe exigir investigación y sanción si se comprueba abuso de autoridad o negligencia. Pero bajo ninguna consideración se debe atentar contra la comisaría. Actitudes como esta solo abonan en generar caos y abrir paso a la anomia colectiva.
Este suceso nos vuelve la mirada al interior de país. Seguir considerando a la capital como el único escenario para la aplicación de planes en seguridad ciudadana es una mirada sesgada. Todas las investigaciones lo confirman. La delincuencia se ha desplazado al interior del país y Celendín no es la excepción; por el contrario, el número de asaltos, robos y violaciones ha crecido considerablemente en los dos últimos años.
Urge romper con la inacción del Comité Provincial de Seguridad Ciudadana, rotar al personal policial y desplegar planes de prevención de la convulsión social. De lo contrario, un hecho como este puede repetirse en otras regiones y vulnerar la tranquilidad pública y menoscabar la institucionalidad.