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Crónica CRIMEN EN LA MOLINA

El cuerpo y la extraña noche oscura

El domingo último, dos disparos segaron la vida del ingeniero José Jiménez Montes. Aún se barajan varias hipótesis sobre lo que hay detrás de este crimen

Por Alberto Villar Campos

Los cinco disparos que se oyeron varias cuadras a la redonda despertaron al vecindario a mitad de la noche, cosa que no ocurría en mucho tiempo. Una vecina de la segunda cuadra de la calle Vasco da Gama, en La Molina, donde ocurrió todo, abrió los ojos y alzó la cabeza. Nunca antes su perro había llorado tan desesperadamente. En vez de salir a la calle, la mujer prefirió acostarse de nuevo.

Si acaso hubiera elegido satisfacer su curiosidad, habría visto muerto a José Luis Jiménez Montes dentro de su auto rojo, con los ojos abiertos y un pie que tocaba el pavimento. A las 2:20 a.m. del domingo pasado fueron pocos los que se atrevieron a salir. Jiménez, un próspero ingeniero limeño de 30 años, tenía dos balas incrustadas en el cuerpo: una de ellas quebró una luna posterior del vehículo y dio en uno de sus brazos; la otra, disparada desde muy cerca, acabó en su pecho.

Lo extraño, sin embargo, vendría después. Los gritos de Alejandra Gonzales Gómez, la mujer que estuvo con Jiménez en el vehículo y quien saldría extrañamente ilesa, quebraron por segunda vez la noche y resonaron en todo el vecindario. ¿Quién había asesinado al ingeniero?

UN HOMBRE, UNA VIDA NORMAL
A las 3:30 a.m., José Jiménez Calle, padre del joven ingeniero, recibió una llamada de la policía. "Me dieron la ubicación y cuando llegué mi hijo estaba allí". El hombre al que José Luis, el mayor de los cinco hermanos, había acompañado en sus trabajos de ingeniería desde que él tenía 17 años, prefiere ahora no recordar más detalles de lo que vio aquella madrugada infausta.

"La última semana viajamos juntos por trabajo --dice--. El viernes (dos días antes del crimen), él iría a Talara a ver un negocio, pero decidió posponer el viaje a última hora: lo haría a primera hora del lunes".

Jiménez Calle cuenta que, aunque la vida de su hijo transcurría apaciblemente entre el trabajo y el deporte, en varias ocasiones ambos habían sido víctimas de intentos de robo a mano armada en la empresa de la familia, ubicada también en La Molina. El último de ellos ocurrió aproximadamente seis meses atrás. "Mi hijo tuvo que disparar para evitar que se robaran los autos de la empresa", relata.

Como era usual, la noche del crimen José Luis llevaba su revólver calibre 38 al interior de un compartimento cerca de la caja de cambios. Al revisar el auto, sin embargo, agentes de la División de Homicidios de la Dirincri hallaron el arma debajo del muslo derecho del ingeniero. La idea de un crimen meticulosamente planificado perdería fuerza con el correr de las horas.

VERDADES Y MENTIRAS
El impacto del crimen fue tal que algunos medios no tardaron en especular sobre la relación que mantenía Jiménez Montes con Alejandra Gonzales. La versión más usual hablaba de un amorío extramarital: Él, un acaudalado ingeniero con varios años de casado, había sido víctima de los insalvables celos de la pareja de esa joven.

La verdad, sin embargo, es que Jiménez nunca se había casado, pero sí tenía un hijo de 2 años con una joven con quien --dice su padre-- mantenía una buena relación amical. "Y, aunque a veces pensaba en ella como la mujer con quien podría llegar a casarse en un futuro, su meta actual era hacer un posgrado en el exterior".

La noche del sábado, su hijo lo llamó por teléfono para decirle que llegaría tarde. "Usualmente venía a casa antes de las 3 a.m.", recuerda. Esa fue la última vez que hablaron.

UN AUTO SE DETIENE
Un vecino de Vasco da Gama que optó por el anonimato refirió que aquella noche José Luis esperó a Alejandra varias horas allí donde habría de morir. "Parecía nervioso. Iba de un lado a otro. Luego ella salió y se fueron", agrega.

"Se habían conocido recientemente", dice, por su parte, Lourdes Gómez, madre de Alejandra, antes de advertir que su hija no declarará, pues todavía se encuentra afectada.

Sus palabras concuerdan con las del padre de Jiménez: "No tendría más de dos semanas de estar saliendo con esa chica".

Según la versión que Alejandra --testigo principal del crimen-- dio a la policía el pasado miércoles refiere que un auto se detuvo junto al de Jiménez, cuando este se aprestaba a dejarla en su casa. El misterioso conductor sacó entonces una pistola y les advirtió a ambos que se quedaran quietos. Fue en ese instante en que, tras cruzar algunas palabras, y mientras posiblemente Jiménez extraía su arma, habrían ocurrido los disparos. Esta versión es manejada por la policía en la investigación que aún continúa.

No obstante, el testimonio de Alejandra difiere de lo dicho por el vecino anónimo que aseguró haber presenciado el homicidio. "De ese carro bajó un hombre que se acercó por el lado de Jiménez. Al parecer hablaron por unos segundos y recién después sonaron los balazos", señaló.

Ninguno de los testigos ha hablado sobre las características físicas del pistolero. Tampoco han dicho nada sobre un segundo tirador, aquel que habría disparado al ingeniero desde atrás, según han concluido los peritos a partir de la trayectoria de las balas.

¿Lo que en apariencia habría sido un atraco fallido pudo ser, en cambio, un asesinato con escabrosos enigmas y voces que aún no salen a la luz? Antes de que su voz se quebrase, el padre de Jiménez alcanzó a decir: "Yo solo quiero que las cosas se aclaren. Mi hijo era mi vida, un calco mío en moderno, mi soporte físico, moral... Todo."

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