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EDITORIAL

El perro del hortelano y la lucha contra la pobreza

El tercer artículo del presidente Alan García, de la serie que tiene como 'leit motiv' la figura del perro del hortelano, reflexiona, con énfasis en las cifras, sobre el gravitante tema de la lucha contra la pobreza.

Para entender la sustancia de esta entrega debemos recordar lo dicho en artículos previos. En "El síndrome del perro del hortelano" (28/10/07) introdujo la idea de cómo un país con tal vastedad de recursos ve refrenadas sus posibilidades de desarrollo por anteojeras o atavismos ideológicos que, entre otras cosas, caracterizan a los que llama perros del hortelano, que no comen ni dejan comer. Y en "Receta para acabar con el perro del hortelano" (el 25/11/07) traza por lo menos seis líneas de acción para agilizar el Estado y promover la inversión privada, lo que con buen criterio fue plasmado en varios proyectos de ley.

Es importante subrayar el convencimiento del jefe del Estado sobre las bondades de la economía de mercado, por contraste con el desastre a que llevan las políticas estatistas. Sin embargo, el tono del tercer artículo evidencia cierta autosuficiencia, que debe ser superada para poder acoger críticas constructivas. Claro que hay perros del hortelano que deben ser contestados con un discurso firme y obras concretas, pero también es cierto que, si bien proporcionalmente continúa el incremento del apoyo social, queda mucho por hacer para superar el fantasma de la infamante pobreza crítica o exclusión social.

¿Mirar el vaso medio vacío o el vaso medio lleno? Muchos críticos han enfatizado lo primero, pero no por ello puede mezquinarse la parte llena del vaso. Así, es interesante y no deben dejarse de lado los logros del actual Gobierno, que aún no cumple dos años. El país crece al 9% anual, la construcción aumenta al 21% anual, las carreteras avanzan a razón de 4 kilómetros por día, los teléfonos se han duplicado y el comercio aumenta. Todo ello son avances innegables que deben saludarse, pues demuestran el vigor de nuestra economía y el incremento del poder adquisitivo.

El presidente enumera a renglón seguido otros ítems relacionados con la lucha contra la pobreza, con un presupuesto de S/.3.278 millones para el 2007 en acciones directas, y anuncia que en el 2008 esta cifra alcanzará los S/.4.500 millones, lo que resulta especialmente significativo.

Destacan el programa Juntos con un total de 1'934.000 beneficiados; el Pronaa que distribuye alimentos a 1'222.600 familias; el programa de lucha contra el analfabetismo; Agua para Todos ; Electrificación rural y Vaso de Leche que, aunque es un programa municipal, es financiado por el Estado. Igualmente menciona a Provías Descentralizado, para rehabilitar y dar mantenimiento a caminos; el Seguro Integral de Salud (SIS); Construyendo Perú y Cofopri para dar trabajo temporal y formalizar la propiedad.

Es obvio que se está gastando más, pero también que, por lo que señalan las encuestas, los recursos no estarían llegando en su totalidad al público objetivo, lo que obliga a incrementar los niveles de eficiencia. Recordemos que en febrero del año pasado se anunció la reconversión de programas sociales burocratizados, en una reingeniería que se quedó a medio camino. Peor aun, hay que advertir sobre el nombramiento de dirigentes apristas a la cabeza de programas sociales importantes como Juntos, lo que pudiera dar lugar a suspicacias sobre las intenciones de utilizar dichos programas para otros fines proselitistas. En todo caso, el Gobierno debe estar abierto a pedir una auditoría internacional de los programas sociales para diagnosticar las falencias y promover su eficiencia.

Igualmente destacable es el compromiso del presidente de continuar con el proceso de descentralización y transferir funciones y recursos a los gobiernos regionales y municipales, los que, según señala, tienen ahora S/.13.600 millones para inversión y deben asumir su propia responsabilidad en la lucha contra la pobreza.

Compartimos, pues, la preocupación presidencial en la lucha contra la pobreza, que definitivamente demanda como antídoto mayor inversión productiva que genere empleo. El Estado no podrá sostener por siempre políticas asistencialistas puras, las que deben ser temporales y para los sectores más urgidos, sino propiciar la participación del sector privado para ejecutar proyectos rentables y crear empleos que beneficien a todos.

Claro que hay perros del hortelano añosos, pesimistas, antimineros y seudoambientalistas, pero sobre todo de mentalidad regresiva y hasta desestabilizadora del sistema democrático. Y la manera de combatirlos es desenmascararlos y demostrar al país que el estatismo socialista es hambreador (miremos lo que pasa en Venezuela, donde escasean los alimentos a pesar de que nada en petrodólares); que la inversión privada responsable, y regulada y supervisada por el Estado, es absolutamente imprescindible; que la justicia es ciega y no corrompida; y que el apoyo social llega eficientemente a los más pobres a través de alimentos pero también de más carreteras, agua potable o acceso a la educación.

Al asumir el mando por segunda vez, el presidente García se comprometió no solo a mejorar el Estado y promover la inversión privada, sino también a darle prioridad a la inclusión social, lo que exige el concurso de todos para terminar con la pobreza, sinónimo de hambre y exclusión. Si vamos por buen camino, pues reafirmémonos, pero si hay cosas que rectificar y corregir, pues hagámoslo ahora, con hidalguía, apertura y transparencia.

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