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Crónica FAENA EN LA PLAZA DE ACHO

"Mi saludo a las viejas... luchadoras"

La conmemoración por el Día Internacional de la Mujer fue utilizada por el jefe del Estado para pedir acciones que ayuden a superar las desigualdades entre hombres y mujeres

Por Jorge Saldaña Ramírez

El presidente de la República, Alan García Pérez, se olvidó ayer de los efectos económicos del hipo inflacionario y de la pretensión humalista de censurar políticamente al ministro del Interior, Luis Alva Castro.

Ayer se conmemoró el Día Internacional de la Mujer y García llegó a las 11 de la mañana en punto a la Plaza de Acho para participar del homenaje preparado por el Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social y que congregó a nada menos que 12 mil mujeres, a quienes llamó "viejas luchadoras" y hasta verdaderas "primeras damas del Perú" porque se desviven por trabajar y atender a sus hijos.

La ocasión de la efeméride y el compacto auditorio que atiborró los tendidos de la tradicional plaza taurina fueron más que propicios para que el gobernante expusiera las nuevas tareas que se ha impuesto su administración con la finalidad de alcanzar una verdadera igualdad entre hombres y mujeres en el Perú y desterrar el analfabetismo femenino para el 2011.

En su faena sabatina en el coso rimense, García se llevó a Palacio de Gobierno "orejas y rabo" porque a medida que dictaba a sus ministros las directivas que deben aplicar para lograr la igualdad de oportunidades en todos los campos entre hombres y mujeres, más sonoros se escuchaban los aplausos y vítores de la concurrencia femenina.

Así y recordando a todos su condición de padre de cuatro hijas, le pidió a la ministra de la Mujer, Susana Pinilla, que actúe más y mejor para desterrar la violencia familiar y castigar a los "maridos cobardes" que maltratan física y psicológicamente a sus parejas dentro de sus hogares.

También llamó a los policías y fiscales para que pongan toda su atención en los casos de las mujeres que son vejadas y "no terminar viendo que después son víctimas de asesinatos. Eso hace cómplice al Estado del abusivo, del delincuente".

Y sin ninguna demora condenó duramente a los acosadores sexuales que tienen "incapacidad psicológica y complejo de inferioridad", porque buscan tener supremacía para abusar de quien está puesto bajo su mando.

En tácita referencia al ministro de Educación, José Antonio Chang, expresó su crítica y repulsa por las denuncias públicas referidas a que en algunas unidades de gestión educativa existe chantaje sexual a cambio de un puesto o de un ascenso. "En el Estado no pueden tener sitio esos cobardes. ¡Que hablen las ofendidas que aquí está el Estado para defender sus derechos!", reclamó.

El ministro de Salud, Hernán Garrido Lecca, ("quien me escuchará donde esté") tampoco se salvó del emplazamiento presidencial. Le reclamó una campaña de detección temprana de enfermedades que afectan a las mujeres, como el cáncer uterino, y otra para disminuir los efectos de la menopausia, "que cuesta poco y salva muchas vidas".

Hasta el Congreso de la República fue tocado por el verbo presidencial al declarar su convencimiento de que cuanto antes el país pueda tener una nueva ley de cuota y de alternancia para así garantizar que la mujer tenga una mayor representación en los cargos públicos, porque --a su criterio-- nuestro país ha retrocedido en cuanto al número de congresistas y alcaldesas en funciones "y no tenemos ninguna presidenta regional".

"¿Qué está pasando en nuestro país que retrocede así? ¡Tenemos muy pocas embajadoras, señor ministro de Relaciones Exteriores!", continuó.

Su alocución terminó con un compromiso: aumentar el espacio femenino en el Gabinete Ministerial de aquí al 2011. "Porque creo en su honestidad, en su lealtad y estoy seguro de su eficiencia", subrayó mirando de reojo a las ministras de Justicia, Rosario Fernández; de la Mujer, Susana Pinilla; y de Comercio Exterior, Mercedes Aráoz, quienes no dejaban de batir palmas por esa alusión sin importarles los 28 grados de calor que se sentía.

Cuando el presidente se ubicó en su silla de honor en el estrado para disfrutar la presentación de la afamada cantante folclórica Dina Páucar, nunca se imaginó lo que vendría después. Ella se le acercó para recitarle: "Qué lindos son tus ojos/ Qué dulces son tus labios". García solo sonreía.

Ante este intento fallido por romper el protocolo, Páucar invitó entonces al gobernante a que se animara a bailar una de sus populares canciones vernaculares. Pero el presidente le rechazó cortésmente el gesto mirando con vergüenza su prominente abdomen, consecuencia de su conocido apetito.

Este buen apetito presidencial quedó de manifiesto cuando en plena ceremonia García pidió que le trajesen algo de comer y le alcanzaron salchichas hechas con pulpa de anchoveta. El paquete desapareció rápidamente.

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