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EDITORIAL

Competitividad, más que subsidios

El Ministerio de Agricultura ha anunciado un importante plan de desarrollo agrario, cuya finalidad es correcta, pues va más allá de simplemente compensar los eventuales perjuicios que pueda causar la entrada en vigencia del TLC con Estados Unidos, y da prioridad a la agricultura rural en sus diversas manifestaciones.

Es razonable que a la población que vive en la más extrema pobreza, sean o no agricultores, se le apoye a través del programa Juntos con un subsidio directo de 100 soles mensuales, bajo la condición de que envíe a sus hijos al colegio y controlen su salud .

Luego ha anunciado la creación del Fondo de Desarrollo Rural para pobladores con actividades económicas de subsistencia, que requieren apoyo técnico y financiero, pero que aún no pudieran entrar en un mercado competitivo, algo igualmente adecuado.

El tercer programa, en cambio, apunta más al desarrollo del agro y comprende a los agricultores de baja competitividad pero con buen potencial, a los que se les muestra las ventajas de asociarse para modernizarse y obtener mejores ganancias.

Resulta evidente la necesidad de desterrar los rezagos del colectivismo agrario (condonaciones, exoneraciones y desperdicio de agua). Pero también es obvio que, dadas las condiciones del TLC (EE.UU. subsidia algunos productos), ello demanda un trato peculiar a los agricultores peruanos hasta que puedan nivelarse.

Por lo mismo, según el plan del Ministerio de Agricultura, el dinero no se entregaría en la mano a los agricultores directamente afectados que producen maíz, algodón y trigo, sino que se orientará a todos los agricultores para cubrir los costos de asociarse, pagar un gerente y cubrir las necesidades técnicas y la capacitación tecnológica. Se necesita para ello un presupuesto de US$600 millones en cinco años, que el Gobierno debe evaluar y el MEF aprobar.

Las ideas básicas aquí son poner el piso parejo y crear condiciones de equidad para que los agricultores peruanos sean más competitivos y asuman los beneficios y riesgos de insertarse en la economía social de mercado. Luego se pretende que un poblador rural pobre pueda ir escalando de un programa a otro, lo que implica una gradual mejora de la calidad de vida, pero también un cambio en la mentalidad de los agricultores que debe seguir promoviéndose desde el Gobierno y desde los liderazgos políticos y gremiales.

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