Por Eduardo Morón. Economista
No hay necesidad de ir a la isla Trinidad para desafiar la gravedad (de los años) y la flexibilidad (de los huesos) y bailar al ritmo de la música tratando de pasar por debajo de la barra horizontal en el juego del limbo. La gente gritará a su alrededor alentándolo por qué tan abajo puede ir. Hoy la situación económica nos obliga a pasar por un juego que tiene muchas coincidencias con el limbo. Todos se preguntan, como en el limbo, qué tan bajo puede caer el tipo de cambio. En realidad, la pregunta más importante no es esa, sino qué tantos pueden ser lo suficientemente flexibles como para sobrellevar un tipo de cambio aun más apreciado. Hace unos meses la barrera psicológica era 3 soles por dólar. Estas semanas la nueva barrera psicológica ha venido cambiando, con rapidez, de 2,90 a 2,80 soles. Seguramente, pronto estaremos discutiendo lo que tendríamos que hacer para evitar que el tipo de cambio regrese a 2,70.
Curiosamente, el baile del limbo simboliza para algunas tribus africanas un triunfo de la vida sobre la muerte. Aquellos que logran pasar la prueba, digamos, siguen vivos a pesar de la adversidad. Obviamente, está terminantemente prohibido en el juego sujetar la valla para que esta no se caiga. La idea es que triunfa el flexible, no el que cambia las reglas. Esto me suena a la propuesta que ayer se comentaba en el diálogo entre ÁDEX y Confiep, donde surgió la idea de elevar la meta de inflación del BCR para que así este pueda bajar su tasa de referencia. La lógica de esta medida es señalar que lo que está atrayendo dólares a nuestras costas es la diferencia entre la tasa del BCR y la de la Reserva Federal de EE.UU. Diferencia que, con toda seguridad, se ampliará la próxima semana cuando la FED opte por una reducción más de su tasa de referencia. Pero, como hoy enfrentamos más inflación, no podemos arriesgarnos a bajar la tasa. Entonces... y aquí viene la sugerencia planteada: aceptemos más inflación bajando la tasa de referencia, que a la vez reducirá la brecha de tasas de interés, lo que evitará la masiva entrada de divisas, lo cual, se supone, reduce la inflación. ¿No se entiende, no? No se preocupe. El problema no es usted, es que la sugerencia es errada.
Si los empresarios, en su planeamiento estratégico de fin de año, no discutieron la posibilidad de un escenario con el dólar a S/.2,50 creo que es momento de que dediquen un día o dos a hacerlo. Ninguno de los elementos financieros que podrían revertir la caída del tipo de cambio está actualmente favoreciendo esa tendencia. Veamos con cuidado cada uno de ellos. 1) La FED seguirá bajando sus tasas hasta que no encuentre señales de que la economía norteamericana vuelve a mostrarse dinámica y eso no pasará sino hasta entrado el último trimestre de este año, con mucha suerte. 2) Nuestro Banco Central de Reserva va a soportar varios meses más de inflación al alza y, por tanto, difícilmente podrá modificar su tasa.
Sin embargo, los elementos de comercio exterior sí podrían empezar a apoyar una desaceleración de la caída del tipo de cambio. Es previsible que una parte de nuestras exportaciones pierda dinamismo, producto más de la recesión mundial que de la apreciación cambiaria. Esta semana, el BCR publicó un estudio donde demuestra que nuestras exportaciones no son sensibles al tipo de cambio. Y esto es así para empresas grandes y chicas. Asimismo, se espera que los términos de intercambio sigan una tendencia desfavorable y por lo tanto presionando hacia un tipo de cambio más depreciado. En resumen, es momento de preguntarse, como lo hacen en Trinidad al ritmo de los tambores, "How low you can go?". La receta seguro está en su capacidad de ser flexibles, es decir competitivos. Y, si no lo son, tendrán que buscarse un baile que sea más fácil.
* UNIVERSIDAD DEL PACÍFICO