MUESTRA. Individual de Antonio Tarnawiecki
Antonio Tarnawiecki toca jazz y pinta. Su música, "un jazz medio japonés, con mucho silencio y mucho drama" --como dice él--, se convirtió desde el año 2006 en un importante complemento para su trabajo como pintor. Su objetivo era lograr que sus cuadros reflejaran la música que hacía o escuchaba en ese momento, y que el espectador pudiera sentirla al ver sus pinturas. "Quería incluir el factor tiempo en el proceso de hacer las pinturas, lo que significaba no solo enfocarme en el resultado, sino también en cada momento del trabajo, y mi teoría era que el resultado final reflejaría todo el proceso", explica el artista.
Los trabajos que se exhiben en la recientemente inaugurada galería Kambalache son cuadros abstractos pintados al óleo que comparten elementos fundamentales para el artista. "Así como en la parte musical de aquella época comencé a trabajar en términos de texturas, colores, luz, sombra, calor y frío, al mismo tiempo en la pintura comencé a trabajar con ritmo, armonía, melodía, velocidad y altura, que son elementos de la música. El objetivo de esta muestra fue un intento de demostrar que música y pintura son lo mismo, pues si bien son dos lenguajes distintos, pueden decir la misma cosa", añade Tarnawiecki.
Este trabajo, que ha tenido grandes dosis de misticismo y espiritualidad, ha sido crucial para el artista, pues ha trascendido lo que consideraba sus límites. "Estoy contentísimo con el resultado porque me he descubierto a mí mismo en facetas que me han sorprendido mucho y lo más importante es que me han señalado la dirección hacia la que debo ir: trabajar con formatos más grandes y con la pincelada más suelta", explica Antonio.
La pequeña sala de Kambalache presenta una decena de cuadros de mediano formato que muestran una paleta que va desde los tonos fríos (grises o azules) hasta cálidos, como los rosados. En algunos casos se trata de cuadros casi monocromáticos y en otros hay un estallido de colores. "Los colores me los pedía el cuadro, yo solo era una herramienta de la pintura y del proceso, pues cada cuadro corresponde a una energía física", explica el artista, a quien este trabajo le enseñó a conocer sus propias debilidades: "Tuve que aprender a destruir cosas que me gustaban mucho para encontrar algo mejor y más profundo", afirma.