Su alteza serenísima Alberto II de Mónaco no tiene prisa. Ayer celebró sus 50 años de vida --tres de ellos al frente del pequeño Estado mediterráneo-- y por ahora parece no mostrarse muy dispuesto a anunciar planes de boda con su inseparable novia, la nadadora sudafricana Charlene Wittstock, veinte años menor que él.
Todo a su momento, parece reflexionar el soltero más codiciado de Europa y acosado descendiente de una dinastía de más de 700 años de antigüedad. Es consciente, sin duda, de que en un sistema monárquico, como el monegasco, la continuidad dinástica permite la estabilidad y las visiones a largo plazo. Aun así, busca proteger su vida privada, aunque muchos detalles de su intimidad fueron saliendo poco a poco a la luz en los últimos años.
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El afable príncipe de Mónaco.